La iluminación interior lleva décadas evolucionando desde una lógica principalmente funcional —ver bien, evitar deslumbramientos, cumplir niveles normativos y reducir consumos— hacia una comprensión mucho más amplia de su papel en los edificios. Hoy ya no se discute que la luz influye en el confort visual, en la percepción del espacio, en los ritmos circadianos, en la fatiga, en la satisfacción con el entorno o incluso en determinados procesos cognitivos. Sin embargo, el paso siguiente es más complejo: diseñar sistemas capaces de responder no solo a las tareas o a la hora del día, sino también al estado emocional de las personas.
Ese es el campo que aborda la denominada iluminación afectiva, una línea de investigación que intenta conectar la ingeniería de iluminación, la psicología ambiental, la neuroarquitectura, la interacción persona-ordenador y las tecnologías de sensorización. Su objetivo es crear entornos luminosos capaces de influir positivamente en el ánimo, reducir estrés, favorecer estados de calma, activar la atención o adaptar la atmósfera de un espacio a las necesidades emocionales de sus ocupantes.
Una revisión científica reciente, titulada Affective lighting in built environments: A scoping review of evidence, technologies, and future directions, analiza precisamente el estado actual de este campo. El trabajo revisa 63 estudios publicados entre 2014 y 2024 y ofrece una síntesis tecnológica y metodológica sobre cómo se está investigando la relación entre luz, afecto y sistemas adaptativos en entornos construidos.

Del confort visual al afecto
El punto de partida del estudio es el reconocimiento de que la iluminación saludable no puede entenderse únicamente como una condición técnica. Una buena iluminación contribuye al confort visual, puede reducir fatiga y estrés, favorece la alineación circadiana y se ha relacionado con mayores niveles de satisfacción, productividad y creatividad. En espacios donde las personas pasan gran parte del día, estas dimensiones adquieren una importancia evidente.
Para avanzar en este campo, el paper subraya la necesidad de aclarar qué se entiende por afecto. El término engloba tanto las emociones como los estados de ánimo. Las emociones suelen ser respuestas breves e intensas ante estímulos concretos; el estado de ánimo, en cambio, es más prolongado, difuso y puede influir en procesos como la atención, la memoria, la toma de decisiones o la creatividad. Esta distinción es importante, ya que un sistema de iluminación puede buscar inducir una respuesta puntual, pero también acompañar o modular un estado emocional sostenido a lo largo de la jornada.
La literatura científica ha utilizado distintos modelos para describir estas respuestas. Algunos se basan en emociones discretas, como alegría, tristeza, miedo o ira. Otros emplean modelos dimensionales, como el de valencia y activación, donde una experiencia puede situarse entre lo agradable y lo desagradable, y entre la calma y la alta activación.
El concepto de iluminación afectiva se sitúa, por tanto, en una zona de cruce. Es iluminación ambiental, pero también tecnología adaptativa. Es diseño emocional, pero también requiere medición fisiológica. Es automatización, pero no puede ignorar la preferencia individual. Los sistemas más avanzados podrían modificar intensidad, color, temperatura de color o distribución lumínica en función del estado emocional detectado o declarado por los ocupantes. En teoría, podrían actuar como una herramienta para mejorar el bienestar en espacios cotidianos o apoyar a colectivos vulnerables en entornos sanitarios y asistenciales.

Para poder comprender mejor el estado actual de este incipiente campo, los investigadores decidieron realizar una revisión de alcance; una metodología especialmente útil cuando un campo de investigación está creciendo, pero sus resultados se encuentran dispersos entre disciplinas, enfoques y metodologías.
Los autores realizaron una revisión exploratoria siguiendo las directrices PRISMA-ScR, con búsquedas en Scopus, IEEE Xplore y ACM Digital Library para el periodo 2014-2024. A partir de términos relacionados con iluminación afectiva, estado de ánimo y emociones, identificaron inicialmente 5.420 registros.
Tras varias fases de cribado, revisaron 211 trabajos a texto completo, añadieron ocho estudios relevantes y seleccionaron finalmente 63 investigaciones centradas de forma explícita en la relación entre iluminación eléctrica y afecto humano, o en el desarrollo de métodos técnicos para sistemas de iluminación afectiva a escala de estancia. Quedaron fuera los estudios centrados únicamente en percepción espacial, satisfacción lumínica, luz natural, terapia de luz o experiencias donde la iluminación tenía un papel secundario.
De los trabajos incluidos se extrajeron datos sobre contexto, participantes, atributos lumínicos, tecnologías, métodos de medición emocional, estrategias de control y principales resultados, con el objetivo de detectar tendencias, lagunas metodológicas y futuras líneas de investigación.

Resultados obtenidos: lo que la evidencia permite afirmar, y lo que todavía no
Los resultados de la revisión apuntan a una conclusión general: existe una relación consistente entre iluminación interior, estado psicológico y bienestar, pero el conocimiento disponible todavía no permite formular guías universales de diseño afectivo. El campo ha avanzado, pero necesita más estudios en condiciones reales, mejores métricas, mayor integración tecnológica y una reflexión más profunda sobre privacidad y control del usuario.
Una primera tendencia clara es el crecimiento del interés científico por la iluminación afectiva, especialmente a partir de 2020. Esta evolución coincide con la mayor atención prestada a la calidad ambiental interior, al bienestar en los edificios y a las tecnologías de control dinámico. La pandemia, el auge del trabajo híbrido y la preocupación por la salud en interiores probablemente reforzaron esta sensibilidad, aunque el paper no reduce el fenómeno a una única causa.
En cuanto a los entornos estudiados, las viviendas y oficinas aparecen con más frecuencia, mientras que las aulas y los espacios sanitarios están menos representados. Esta ausencia es significativa. Los centros educativos podrían beneficiarse de estrategias lumínicas que apoyen atención, confort y regulación de la fatiga. Los hospitales, residencias y entornos asistenciales podrían utilizar la luz para reducir ansiedad, mejorar orientación temporal o crear atmósferas menos agresivas. Sin embargo, son contextos más difíciles de investigar por restricciones de acceso, diversidad de usuarios y mayores exigencias éticas.

En relación con los efectos de la iluminación, los estudios revisados apuntan a una tendencia clara: las temperaturas de color más bajas y los niveles medios de iluminancia suelen generar una percepción espacial más favorable y mejores estados afectivos que las luces muy frías o los niveles de iluminación demasiado bajos o elevados. Estos resultados apuntan a la importancia de la interacción entre las características espectrales de la luz y su intensidad, y refuerzan la evidencia sobre la influencia de las vías visuales en la experiencia psicológica de los usuarios.
Sin embargo, los efectos no visuales de la iluminación siguen siendo menos concluyentes, especialmente por la escasez de estudios sobre sistemas dinámicos. Además, puede existir una tensión entre las estrategias orientadas al bienestar circadiano —a menudo basadas en más luz o temperaturas de color más frías— y aquellas que buscan una respuesta afectiva más confortable.
Los resultados sobre atmósferas afectivas también dependen mucho del contexto y de la forma en que se aplica la luz. Determinados colores o composiciones lumínicas pueden favorecer la relajación o reducir la activación en algunos escenarios, pero producir efectos opuestos en otros, especialmente cuando se utilizan como iluminación ambiental estática y no como señales interactivas o adaptativas para regular el estado emocional. Por ello, la luz coloreada no puede interpretarse de forma uniforme ni aplicarse como una receta general.
Aunque estas atmósferas pueden mejorar la percepción del espacio y el estado afectivo de los ocupantes, su uso se ha estudiado sobre todo en entornos residenciales o en espacios diseñados específicamente para la regulación emocional. En ámbitos orientados a la tarea, como las oficinas, la aplicación de iluminación coloreada resulta más compleja, ya que debe compatibilizarse con requisitos de confort visual, calidad de iluminación y cumplimiento normativo. Esta tensión evidencia uno de los principales desafíos del diseño lumínico actual: equilibrar las prioridades funcionales con los objetivos afectivos.

Del análisis se desprenden cinco prioridades para avanzar en la investigación y aplicación de la iluminación afectiva. La primera es validar estas soluciones en contextos reales y diversos, más allá del laboratorio, para comprobar su eficacia en edificios y situaciones de uso concretas. La segunda es estandarizar y reportar de forma consistente las métricas visuales y biológicas relevantes, de modo que los resultados puedan compararse entre estudios y relacionarse mejor con la evidencia fisiológica.
La tercera prioridad es estudiar la luz natural y la iluminación eléctrica como partes de un mismo entorno luminoso integrado, y no como variables aisladas. La cuarta pasa por incorporar sistemas de sensorización multimodal, capaces de combinar señales fisiológicas, conductuales y contextuales para detectar el estado afectivo de forma más precisa y respetuosa con la privacidad.
Por último, los autores subrayan la necesidad de combinar la automatización adaptativa con una participación clara del usuario. Los ocupantes deben poder entender, ajustar o anular el comportamiento del sistema cuando lo consideren necesario. Estas cinco líneas marcan el camino para que la iluminación afectiva evolucione desde la investigación experimental hacia soluciones más fiables, aplicables y centradas en las personas.
Puede acceder al paper completo de la investigación a través del siguiente enlace:
https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0360132326002520
Fuente de imágenes: Imágenes de recurso generadas por IA que no pertenecen a la investigación

