Building Information Modelling, más conocido como BIM, se ha consolidado como una de las grandes promesas de transformación digital del sector de la construcción. Su propuesta es clara: pasar de procesos fragmentados, documentos dispersos y modelos geométricos aislados a una metodología basada en información estructurada, compartida y trazable durante todo el ciclo de vida del edificio. En teoría, BIM permite coordinar mejor a los agentes, detectar conflictos antes de la obra, mejorar el control de costes, integrar datos energéticos y facilitar la operación y el mantenimiento. En la práctica, su implantación sigue avanzando con más dificultad de la esperada.
Un nuevo estudio empírico centrado en el sector de la iluminación ayuda a entender por qué. La investigación, titulada Technical and organizational barriers and solution strategies for the implementation of BIM: An empirical study with a focus on the lighting sector, se basa en dos encuestas. La primera analiza los obstáculos técnicos para aplicar BIM en el diseño de iluminación; la segunda estudia las condiciones organizativas que favorecen o frenan su implantación. El resultado es claro: BIM solo despliega su potencial cuando las herramientas digitales van acompañadas de procesos internos bien definidos, equipos formados y una cultura empresarial capaz de trabajar de forma colaborativa.
El enfoque en la iluminación resulta especialmente relevante. Esta disciplina no se limita a colocar luminarias dentro de un modelo digital. Requiere integrar geometría, fotometría, propiedades de materiales, reflectancias, datos espectrales, simulaciones de luz natural y artificial, criterios de confort visual, información energética y, cada vez más, datos procedentes de sistemas de control. Todo ello debe circular entre plataformas BIM, programas de cálculo lumínico, herramientas de simulación energética y sistemas de gestión del edificio.
En teoría, BIM debería facilitar este intercambio. En la práctica, el estudio confirma que los flujos de información siguen siendo incompletos. Formatos como IFC o gbXML han supuesto avances, pero todavía no garantizan una transferencia completa y fiable de todos los parámetros que necesita una planificación lumínica avanzada. En muchos casos, los profesionales deben reconstruir modelos, introducir datos manualmente o mantener archivos paralelos. Esto genera pérdidas de información, más tiempo de coordinación y mayor riesgo de errores.

Un ecosistema técnico todavía fragmentado
La primera encuesta, centrada en barreras técnicas, recoge respuestas de perfiles vinculados a investigación, planificación, fabricación, comercio y ejecución. Los participantes reconocen ventajas claras en BIM: más transparencia entre agentes, mejor control del proyecto, documentación estructurada, detección temprana de conflictos y mayor coordinación. Son beneficios especialmente importantes en edificios donde la iluminación debe integrarse con arquitectura, instalaciones eléctricas, envolvente, climatización, automatización y criterios energéticos.
Pero esas ventajas conviven con obstáculos relevantes. Las pequeñas empresas señalan principalmente el coste de tiempo y recursos, así como la falta de personal cualificado. Las empresas medianas identifican la formación como uno de los principales cuellos de botella. Las grandes compañías, aunque disponen de más medios, encuentran dificultades en la integración de múltiples herramientas, la coordinación entre departamentos y la gestión coherente de grandes volúmenes de datos.
El estudio también detecta una brecha entre la oferta de objetos o servicios BIM por parte de fabricantes y su utilidad real para el proyectista. En iluminación, un objeto BIM de una luminaria no debería limitarse a reproducir su geometría. Para ser realmente útil, tendría que incorporar información fotométrica fiable, datos de eficiencia, mantenimiento, compatibilidad con sistemas de control, parámetros eléctricos y características ópticas. La calidad de la información es más importante que la simple presencia del producto en una biblioteca digital.

Una de las demandas más repetidas por los participantes es la simplificación de los flujos de trabajo. El problema no es solo que falten funciones en determinados programas, sino que el ecosistema sigue demasiado fragmentado. Hay demasiadas herramientas aisladas, demasiadas conversiones entre formatos y demasiada información que no viaja correctamente entre plataformas.
Esto se aprecia con claridad al conectar programas de cálculo lumínico, como DIALux o RELUX, con modelos BIM y herramientas de simulación energética. La geometría puede transferirse, pero no siempre ocurre lo mismo con parámetros más complejos, como reflectancias, propiedades térmicas, datos de luminancia o características espectrales. Cuando la iluminación se vincula al rendimiento energético del edificio, estas limitaciones reducen la capacidad de realizar análisis integrados sobre luz natural, iluminación artificial, cargas térmicas, control solar, consumo eléctrico y confort visual.
El estudio subraya que los estándares abiertos son necesarios, pero no suficientes. IFC, gbXML, ISO 19650 o los marcos Open BIM ayudan a ordenar el intercambio de información, pero solo funcionan bien si existen procesos claros. Es necesario definir qué información debe entregar cada agente, en qué fase, con qué nivel de detalle y bajo qué criterios de validación. La interoperabilidad no depende únicamente del archivo; depende del proceso completo.
Otro punto crítico es la discontinuidad entre fases. Muchos especialistas de iluminación participan sobre todo en diseño, planificación de ejecución y preparación de especificaciones, pero su presencia disminuye durante la obra y cae aún más tras la puesta en marcha. Esto limita el valor de BIM, porque buena parte de sus beneficios aparecen cuando el modelo se mantiene vivo durante todo el ciclo de vida del edificio.
Si una oficina de diseño debe invertir más tiempo en generar un modelo BIM, pero no participa en las fases donde se obtienen los beneficios —menos errores en obra, mejor puesta en marcha, operación más eficiente—, el incentivo se reduce. BIM puede aportar valor al proyecto completo, pero no siempre beneficia directamente a quien asume el esfuerzo inicial. Esta asimetría explica parte de la resistencia en pequeñas oficinas y proyectistas especializados.
Para la iluminación, la continuidad entre diseño, instalación y operación es esencial. Los cambios de producto, ajustes de control, modificaciones de acabados o condiciones reales de uso pueden alterar el rendimiento previsto. Si el conocimiento generado durante el diseño no llega a la obra y a la gestión posterior del edificio, el modelo digital pierde buena parte de su sentido.
La adopción depende de formación, liderazgo y aprendizaje interno
La segunda encuesta se centra en las barreras organizativas. Sus resultados muestran una paradoja: la actitud hacia BIM es generalmente abierta o neutral, pero su aplicación efectiva sigue siendo limitada. Entre las oficinas de planificación encuestadas, solo una parte trabaja ya activamente con BIM, y en esos casos la metodología representa todavía una fracción de los proyectos.
El estudio identifica una relación directa entre conocimiento y aceptación. Los profesionales y empresas con mayor experiencia BIM muestran una actitud más abierta, mientras que quienes tienen menos conocimiento tienden a posiciones neutrales o reticentes. Esto confirma que la aceptación no se logra solo mediante exigencias externas. Necesita formación, experiencia práctica y una percepción clara de los beneficios.
El aprendizaje, sin embargo, no es sencillo. Muchos participantes recurrieron a tutoriales, seminarios online, recursos gratuitos o autoaprendizaje. La investigación observa que las estrategias de aprendizaje autónomo y flexible aparecen asociadas a mayores niveles de conocimiento. Esto sugiere que la formación más eficaz no siempre es la más formal o costosa, sino aquella que se adapta a problemas reales y permite aplicar rápidamente lo aprendido.

Entre quienes no han profundizado en BIM, la razón principal es la falta de necesidad percibida, seguida del tiempo y esfuerzo que requiere. También aparece una cuestión económica: muchos profesionales no consideran que BIM sea más rentable que los métodos CAD tradicionales. Aunque este resultado debe interpretarse con cautela, refleja una percepción extendida. Si los clientes no exigen modelos de calidad, si los honorarios no reconocen el trabajo adicional o si los beneficios no son visibles para el proyectista, la implantación se ralentiza.
La clave, según el estudio, está en el aprendizaje organizativo. BIM no se consolida cuando una persona aprende a manejar un programa, sino cuando ese conocimiento se transforma en procesos internos, plantillas, estándares, responsabilidades, protocolos de revisión y mecanismos de mejora continua. Una empresa puede tener empleados capacitados, pero si no adapta sus flujos de trabajo, el conocimiento queda aislado.
La implantación debe ser gradual. Primero, evaluar capacidades internas, recursos, costes y necesidades reales. Después, fijar objetivos concretos. A continuación, formar equipos, hacer pruebas internas, definir estándares propios y aplicar la metodología en proyectos piloto. Finalmente, documentar la experiencia y mejorar los procesos. Este enfoque reduce la incertidumbre y evita que BIM se perciba como una carga añadida.
El liderazgo de la dirección es decisivo. Sin apoyo interno, la adopción queda limitada a esfuerzos individuales. La empresa debe asignar tiempo, reconocer el aprendizaje, permitir errores en fases iniciales y fomentar el intercambio de conocimiento. En pequeñas empresas, esto puede traducirse en soluciones modulares y formación puntual. En empresas medianas, en estandarización de procesos y equipos transversales. En grandes compañías, en estrategias BIM corporativas y oficinas de coordinación que garanticen la consistencia de los datos.
La conclusión del estudio parece directa: las barreras técnicas y organizativas se refuerzan mutuamente. La complejidad del software exige formación; la falta de formación reduce la confianza; la baja confianza limita la inversión; y la falta de inversión impide crear procesos internos sólidos. Por eso no basta con mejorar los programas ni con exigir modelos BIM en los proyectos. Es necesario actuar al mismo tiempo sobre herramientas, estándares, procesos, formación y cultura empresarial.
Para el sector de la iluminación, esto implica avanzar hacia objetos BIM más ricos, datos fotométricos mejor estructurados, integración con simulaciones energéticas, conexión con sistemas de control y continuidad hacia la operación del edificio. Pero también exige que fabricantes, proyectistas, arquitectos, ingenierías e instaladores compartan un lenguaje común sobre qué información se necesita, cuándo se entrega y cómo se mantiene.

Puede acceder al paper completo de la investigación a través del siguiente enlace:
https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S2590123025045645
Fuente de imágenes: Imágenes de recurso generadas por IA que no pertenecen a la investigación.

