Los ritmos circadianos, el reloj interno que ayuda al organismo a organizar sus ciclos de sueño, actividad y funciones fisiológicas a lo largo del día, podrían estar relacionados con el riesgo de desarrollar demencia en edades avanzadas. Así lo apunta un nuevo estudio publicado en Neurology, la revista médica de la American Academy of Neurology, que ha encontrado una asociación entre ritmos de descanso-actividad más débiles, fragmentados o desplazados hacia horas más tardías del día y una mayor probabilidad de diagnóstico posterior de demencia.
La investigación, basada en el seguimiento de más de 2.000 participantes mediante monitores corporales, no demuestra una relación causal, pero aporta nuevas evidencias sobre un ámbito cada vez más relevante para la medicina preventiva, la neurociencia y también para los sectores vinculados al diseño de entornos iluminados.

El reloj biológico: una señal clave para la salud cerebral
El ritmo circadiano actúa como el reloj interno del organismo. Es el sistema que regula el ciclo de sueño y vigilia a lo largo de 24 horas, pero también interviene en otros procesos esenciales, como la secreción hormonal, la digestión o la temperatura corporal. Su funcionamiento está coordinado por el cerebro y se ve influido de forma directa por la exposición a la luz.
Cuando este ritmo es fuerte y estable, el reloj biológico se sincroniza correctamente con el ciclo diario, enviando señales claras al organismo sobre cuándo debe estar activo y cuándo debe descansar. Las personas con ritmos circadianos bien definidos suelen mantener horarios regulares de sueño y actividad, incluso ante cambios de estación o pequeñas variaciones en su rutina.
En cambio, cuando el ritmo circadiano es débil, el organismo se vuelve más vulnerable a las alteraciones externas. Los cambios en la luz ambiental, los horarios o las estaciones pueden desajustar con mayor facilidad el reloj interno, provocando variaciones en los momentos de sueño, reposo y actividad.
“Los cambios en los ritmos circadianos se producen con el envejecimiento, y la evidencia sugiere que sus alteraciones podrían ser un factor de riesgo para enfermedades neurodegenerativas como la demencia”, explica Wendy Wang, investigadora de la Peter O’Donnell Jr. School of Public Health de UT Southwestern Medical Center, en Dallas. “Nuestro estudio midió estos ritmos de reposo y actividad y observó que las personas con ritmos más débiles y fragmentados, así como aquellas cuyo nivel de actividad alcanzaba su punto máximo más tarde durante el día, presentaban un mayor riesgo de demencia”.
Más de 2.000 mayores monitorizados para analizar su reloj biológico
El estudio incluyó a 2.183 personas, con una edad media de 79 años, que no presentaban demencia al inicio de la investigación. Del total de participantes, el 24% eran personas negras y el 76% personas blancas.
Para analizar sus ritmos diarios de reposo y actividad, los participantes llevaron durante una media de 12 días pequeños monitores cardiacos adheridos al pecho. Estos dispositivos permitieron registrar de forma objetiva cómo se distribuían sus periodos de actividad y descanso a lo largo del día, ofreciendo a los investigadores una medida directa de la fuerza y los patrones de sus ritmos circadianos.
Después de esta fase de monitorización, los participantes fueron seguidos durante una media de tres años. En ese periodo, 176 personas fueron diagnosticadas de demencia.
Uno de los indicadores utilizados para evaluar la fortaleza del ritmo circadiano fue la amplitud relativa, una medida que refleja la diferencia entre los periodos de mayor actividad y los de menor actividad. Una amplitud relativa elevada indica un ritmo circadiano más marcado, con una separación clara entre actividad diurna y reposo. Por el contrario, una amplitud baja apunta a un reloj biológico más débil o menos definido.

Resultados obtenidos
A partir de los datos obtenidos, los investigadores dividieron a los participantes en tres grupos según la fortaleza de sus ritmos circadianos y compararon los resultados del grupo con mayor amplitud relativa con los del grupo de menor amplitud.
En el grupo con ritmos más fuertes, 31 de 728 personas desarrollaron demencia. En cambio, en el grupo con ritmos más débiles, la cifra ascendió a 106 de 727 participantes. Tras ajustar los resultados por factores como la edad, la presión arterial o la enfermedad cardiaca, el estudio encontró que las personas con ritmos circadianos más débiles tenían casi 2,5 veces más riesgo de desarrollar demencia que aquellas con ritmos más marcados.
Además, los investigadores observaron que por cada disminución de una desviación estándar en la amplitud relativa, el riesgo de demencia aumentaba un 54%.
El trabajo también detectó diferencias en función del momento del día en el que se producía el pico de actividad. Las personas cuyo nivel máximo de actividad se alcanzaba más tarde, a partir de las 14:15 horas, presentaban un 45% más de riesgo de demencia que aquellas cuyo pico se situaba antes, entre las 13:11 y las 14:14 horas. En términos absolutos, el 7% de las personas del grupo con pico de actividad más temprano desarrolló demencia, frente al 10% del grupo con un pico más tardío.
Según los autores, un pico de actividad desplazado hacia horas más avanzadas del día podría indicar una desalineación entre el reloj biológico interno y las señales ambientales, como los horarios, la luz natural o la llegada de la oscuridad.
“Las alteraciones en los ritmos circadianos pueden modificar procesos corporales como la inflamación e interferir en el sueño, lo que podría aumentar las placas de amiloide vinculadas a la demencia o reducir la eliminación de amiloide del cerebro”, explica Wendy Wang, autora del estudio.
Wang subraya que futuras investigaciones deberán analizar el papel potencial de intervenciones dirigidas al ritmo circadiano, como la terapia de luz o los cambios en el estilo de vida, para determinar si pueden ayudar a reducir el riesgo de demencia.
Una de las limitaciones del estudio es que los investigadores no disponían de información sobre trastornos del sueño, como la apnea, que podrían haber influido en los resultados.

Fuentes de imágenes: Imágenes de recurso generadas por IA que no pertenecen a la investigacion

