La iluminación suspendida en exteriores —particularmente en forma de guirnaldas— ha estado tradicionalmente asociada a contextos efímeros: celebraciones, terrazas estacionales o soluciones de bajo compromiso técnico. Su despliegue, sencillo y flexible, ha primado históricamente sobre cualquier consideración rigurosa de calidad de luz, control del deslumbramiento o integración en el entorno construido.
En ese territorio híbrido entre lo funcional y lo ornamental es donde se sitúa Toba, el desarrollo diseñado por Xavier Carrasquet para Faro Barcelona, que propone una reformulación de esta tipología desde una lógica más próxima a la iluminación arquitectónica que a la decoración efímera.

De objeto cotidiano a luminaria de exterior
El punto de partida de Toba es claro: reinterpretar una tipología ampliamente extendida sin renunciar a sus ventajas operativas. La guirnalda sigue siendo un sistema suspendido, configurable y adaptable a múltiples situaciones, pero incorpora una serie de decisiones de diseño orientadas a mejorar su desempeño
La unidad básica del sistema es un disco de silicona de 18 centímetros de diámetro. Este elemento cumple varias funciones simultáneamente: actúa como soporte físico, como filtro de la luz y como superficie emisora. Frente a las soluciones convencionales basadas en puntos de luz expuestos, el disco introduce una emisión más amplia y controlada, reduciendo contrastes excesivos y evitando deslumbramientos directos.

El uso de silicona responde tanto a criterios de durabilidad como de comportamiento óptico. Se trata de un material flexible y resistente, adecuado para exteriores, que además permite trabajar la difusión de la luz en distintas capas. En combinación con un difusor interior, el sistema logra una distribución homogénea, generando una iluminación cálida y confortable orientada a espacios de estancia.
Desde el punto de fiabilidad, la luminaria cuenta con un grado de protección IP65, lo que garantiza su funcionamiento en condiciones exteriores exigentes, con resistencia al polvo y al agua. Este aspecto refuerza su carácter de solución estable, más allá del uso temporal o estacional que suele asociarse a este tipo de productos.
Asimismo, y en términos de configuración, Toba mantiene la flexibilidad propia de las guirnaldas. Puede utilizarse como luminaria individual suspendida o desplegarse en composiciones lineales, permitiendo trazar recorridos de luz entre árboles, pérgolas o estructuras arquitectónicas.

Luz, color y paisaje
Más allá de su construcción, uno de los aspectos más característicos de Toba es la manera en que aborda la relación entre luz y color. Los discos no son neutros: están disponibles en tonos beige, marrón y naranja, inspirados en la paleta del paisaje mediterráneo, actuando como filtros que modifican sutilmente la tonalidad de la luz emitida.
Así, en lugar de depender de sistemas electrónicos de cambio de color, la variación cromática se produce a través del propio material. Cuando se combinan distintos discos en una misma instalación, se genera una gradación cálida que evoca la transición del atardecer, aportando matices y profundidad al ambiente nocturno.

La composición juega aquí un papel clave. La disposición de los discos —alineados, a distintas alturas o en secuencias más libres— permite construir un ritmo visual en el espacio. Las fuentes de luz se perciben como puntos suspendidos que flotan en el entorno, acompañando la arquitectura y la vegetación sin imponerse sobre ellas. La luminaria no busca protagonismo individual, sino que se diluye en la escena, contribuyendo a generar una atmósfera serena.
En conjunto, la propuesta transforma una solución cotidiana en una herramienta más afinada para el diseño de ambientes exteriores. Sin alterar la lógica de uso de la guirnalda, introduce mejoras en la calidad de la luz, en la percepción del espacio y en la relación con el entorno, configurando una luminaria que, sin ser compleja, amplía el alcance de esta tipología dentro del proyecto lumínico.
Imágenes: Faro Barcelona

