La movilidad activa no depende solo de la existencia de aceras, carriles bici o calles con menor tráfico. También está condicionada por factores más difíciles de aislar, pero decisivos en la experiencia cotidiana de caminar o pedalear. Uno de ellos es la iluminación exterior. Una calle bien iluminada puede mejorar la visibilidad, aumentar la sensación de seguridad y hacer más legible el espacio urbano durante las horas de oscuridad. Sin embargo, hasta ahora, la evidencia sobre su relación con los desplazamientos activos a escala de ciudad seguía siendo limitada.
Un estudio realizado en Glasgow aporta una mirada especialmente interesante a esta cuestión. La investigación analiza la relación entre los niveles de iluminación exterior y la distancia recorrida a pie y en bicicleta en la ciudad durante 2021, combinando datos agregados de Strava, imágenes satelitales nocturnas de alta resolución y diferentes indicadores urbanos y socioeconómicos. El objetivo no era simplemente comprobar si las zonas más iluminadas registran más actividad, sino observar si esa asociación se mantiene cuando se tienen en cuenta otros factores como la densidad de población, la renta, la pendiente, el uso del suelo, la criminalidad, la infraestructura ciclista o la tranquilidad del entorno.
Los resultados obtenidos muestran como las zonas con mayores niveles de iluminación exterior presentan mayores distancias recorridas a pie, en bicicleta y en movilidad activa total, tanto durante el día como durante la noche. La asociación es más intensa en las horas de oscuridad y especialmente marcada para la bicicleta. Es decir, el alumbrado no parecería solo como un elemento de confort urbano, sino como una variable que puede estar relacionada con la capacidad real de una ciudad para mantener la movilidad activa cuando desaparece la luz natural.

La noche como barrera para caminar y pedalear
Caminar y desplazarse en bicicleta aportan beneficios claros para la salud, la calidad ambiental y la reducción del tráfico. Por eso, entender qué factores favorecen o frenan la movilidad activa es una cuestión clave para la planificación urbana.
La investigación sobre este tema se ha centrado tradicionalmente en variables como la densidad urbana, la accesibilidad a servicios, la mezcla de usos o la presencia de infraestructura peatonal y ciclista. Sin embargo, factores más próximos a la experiencia real del usuario, como la iluminación exterior, han recibido menos atención.
La oscuridad aparece como una barrera relevante para caminar y pedalear, ya que reduce la visibilidad, aumenta la percepción de riesgo y puede disuadir el uso de determinadas rutas. La iluminación puede compensar parte de este efecto, siempre que esté bien diseñada. No se trata solo de aportar más luz, sino de garantizar niveles adecuados, buena uniformidad, control del deslumbramiento y una distribución que facilite leer el entorno.
Aun así, persisten lagunas en la evidencia disponible. Muchos estudios se basan en encuestas, conteos puntuales o datos agregados sin diferenciar entre día y noche, lo que dificulta aislar el papel específico del alumbrado. El estudio de Glasgow aborda esta limitación combinando datos de Strava de todo un año, imágenes satelitales nocturnas y variables urbanas como renta, densidad, usos del suelo, topografía o criminalidad.
Con este enfoque, la investigación analiza si las zonas más iluminadas registran mayores distancias recorridas a pie y en bicicleta, y si esa relación cambia entre las horas diurnas y las de oscuridad. El objetivo es entender mejor hasta qué punto la iluminación exterior puede actuar como una pieza relevante en la movilidad activa nocturna.

Un análisis urbano de alta resolución: Strava, satélite y movilidad por condiciones de luz
El estudio toma Glasgow como caso de análisis, una ciudad de 635.130 habitantes en 2021, con una topografía relativamente accidentada, clima húmedo y una evolución desigual de sus modos activos: mientras los desplazamientos ciclistas hacia y desde el centro crecieron un 165% entre 2009 y 2021, los conteos peatonales descendieron un 19% en los mismos puntos de control.
Para estudiar la relación entre iluminación exterior y movilidad activa, los investigadores dividieron la ciudad en 746 zonas estadísticas del Scottish Index of Multiple Deprivation, pequeñas unidades territoriales que permiten cruzar datos urbanos, sociales y espaciales con bastante detalle.
La actividad a pie y en bicicleta se estimó a partir de datos agregados y anonimizados de Strava correspondientes a todo 2021. En lugar de contar viajes, el estudio calculó la distancia recorrida en cada zona, multiplicando el número de registros en cada segmento viario por la longitud de ese tramo. Los desplazamientos se clasificaron además según se produjeran con luz diurna o en horas de oscuridad, utilizando los horarios de amanecer, atardecer y crepúsculo civil.
La iluminación exterior se midió mediante imágenes satelitales nocturnas de alta resolución captadas en diciembre de 2021. A partir de 22 mosaicos ráster, los autores calcularon el brillo medio de cada zona, una variable que refleja principalmente la presencia de alumbrado público, iluminación de edificios, rótulos y otras fuentes artificiales.
El análisis incorporó también variables urbanas y socioeconómicas asociadas a la movilidad activa, como densidad de población, privación de ingresos, acceso a servicios, criminalidad, usos recreativos, comerciales e industriales, densidad de intersecciones, infraestructura peatonal y ciclista, nivel de tranquilidad del viario y pendiente media.
Finalmente, los autores aplicaron modelos espaciales bayesianos Besag–York–Mollié para estimar la asociación entre iluminación y distancia recorrida a pie y en bicicleta, diferenciando entre día y noche. Esta metodología permitió tener en cuenta que las zonas próximas tienden a compartir características similares, evitando así que la concentración espacial de alumbrado o movilidad distorsionara los resultados.

Resultados obtenidos
El estudio muestra una asociación positiva entre los niveles de iluminación exterior y la movilidad activa en Glasgow. Las zonas más iluminadas registraron mayores distancias recorridas a pie y en bicicleta durante las horas de oscuridad, incluso después de considerar otros factores urbanos como densidad de población, nivel de renta, acceso a servicios, criminalidad, usos del suelo, infraestructura ciclista, tranquilidad del entorno o pendiente.
La relación fue especialmente intensa en el caso de la bicicleta. Este resultado puede explicarse por las mayores exigencias visuales del ciclismo nocturno: los usuarios necesitan anticipar obstáculos a mayor velocidad, interpretar mejor el estado del firme y mantener una interacción más segura con el tráfico motorizado. Además, alumbrado no solo mejoraría la visibilidad del entorno, sino también la capacidad de los ciclistas para ser vistos por otros usuarios de la vía.
El análisis también detectó una asociación positiva, aunque más débil, entre iluminación y movilidad activa durante el día. Esta relación probablemente no responde a un efecto directo de la luz artificial, sino a que las zonas más iluminadas tienden a coincidir con áreas urbanas más activas, mejor equipadas o más utilizadas de forma habitual.
Más allá del alumbrado, algunos factores urbanos mostraron comportamientos distintos según las condiciones de luz. Variables como el uso industrial del suelo, la tranquilidad del entorno o la pendiente presentaron diferencias entre el día y la noche, lo que sugiere que la movilidad activa no depende solo de la infraestructura disponible, sino también de cómo se percibe y utiliza el espacio urbano en cada momento.
En conjunto, los resultados refuerzan la idea de que la iluminación exterior puede desempeñar un papel relevante en la movilidad activa nocturna, especialmente en el ciclismo. Sin embargo, el estudio no permite afirmar que el alumbrado cause directamente un aumento de los desplazamientos, sino que identifica una asociación significativa dentro de un contexto urbano complejo.

Limitaciones y futuras investigaciones
Los resultados deben interpretarse con cautela. La investigación es observacional y transversal, por lo que no permite establecer una relación causal entre iluminación y movilidad activa. No es posible determinar si las zonas mejor iluminadas favorecen más desplazamientos a pie y en bicicleta, o si las áreas con mayor actividad tienden precisamente a recibir más inversión en alumbrado y espacio público.
Otra limitación importante es el uso de datos agregados de Strava. Aunque ofrecen una gran resolución espacial y temporal, no representan al conjunto de la población. Sus usuarios suelen ser personas más activas y con mayor orientación deportiva, con menor presencia de mujeres, niños, personas mayores o colectivos que pueden verse más condicionados por la oscuridad. Además, la plataforma tiende a reflejar más recorridos de ocio que desplazamientos cotidianos.
La medición de la iluminación mediante imágenes satelitales nocturnas también presenta restricciones. Esta fuente proporciona una visión homogénea de toda la ciudad, pero no sustituye a mediciones luminotécnicas en calle. No permite conocer con precisión niveles de iluminancia, uniformidad, deslumbramiento, temperatura de color o diferencias entre calles principales y secundarias dentro de una misma zona. Además, la imagen utilizada corresponde a una noche concreta, mientras que los datos de movilidad cubren todo un año.
De cara a futuras investigaciones, será necesario analizar la movilidad activa diferenciando con mayor claridad entre día, noche y periodos de transición, ya que las condiciones de luz pueden modificar la forma en que se usan los espacios urbanos. También sería útil estudiar intervenciones concretas de alumbrado a escala de calle, carril bici o itinerario peatonal, para comprobar si una mejora de la infraestructura lumínica se traduce realmente en más actividad.
Asimismo, convendría ampliar este tipo de análisis a otras ciudades y contextos urbanos, con el fin de comprobar si los resultados observados en Glasgow son extrapolables. Por último, será clave incorporar variables sociodemográficas como sexo, edad, renta u origen, ya que la oscuridad y la calidad del alumbrado pueden afectar de forma desigual a distintos grupos de población. Esta dimensión será fundamental para diseñar políticas de movilidad activa más inclusivas y eficaces.

Puede acceder al paper completo de la investigación a través del siguiente enlace:
https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S2214140525002440
Fuente de imágenes: Imágenes de recurso generadas por IA que no pertenecen a la investigación

