La iluminación en oficinas gira en torno a dos grandes fuentes: la luz natural que entra por las ventanas y la luz eléctrica que garantiza los niveles visuales necesarios para trabajar. Sin embargo, en la oficina contemporánea hay una tercera fuente luminosa que permanece encendida durante buena parte de la jornada, situada además justo frente al usuario y muy cerca de sus ojos: el monitor.
La pantalla del ordenador no suele considerarse un elemento del sistema de iluminación. Desde el punto de vista energético se clasifica como una carga de enchufe; desde el punto de vista arquitectónico, como equipamiento; y desde la perspectiva del diseño lumínico, rara vez forma parte del cálculo. Pero un nuevo estudio científico plantea una lectura diferente: si el objetivo ya no es únicamente ver bien, sino también diseñar entornos que acompañen los ritmos biológicos de las personas, las pantallas no pueden seguir quedando fuera de la ecuación.
La investigación, publicada en ScienceDirect, analiza cómo los monitores influyen en la iluminación integrativa de oficinas, entendida como aquella que combina criterios visuales y no visuales. Es decir, no solo se evalúa si hay suficiente iluminancia horizontal sobre el plano de trabajo, sino también si la luz que llega al ojo del usuario puede contribuir a una adecuada sincronización circadiana. Para ello, el estudio integra luz natural, iluminación eléctrica, propiedades reflectantes de las superficies interiores y luz emitida por los monitores
El resultado es especialmente relevante porque cuestiona una idea muy extendida: alcanzar niveles adecuados de estímulo circadiano no tiene por qué implicar necesariamente aumentar de forma significativa la potencia instalada o elevar los niveles de iluminancia horizontal. En determinados puestos de trabajo, la contribución del monitor puede ayudar a cumplir los objetivos de iluminación melanópica sin sobredimensionar la luz eléctrica. En otros, especialmente en zonas profundas sin aporte de luz natural, la pantalla puede marcar la diferencia entre cumplir o no cumplir los criterios circadianos.

De la iluminación visual a la iluminación integrativa
La iluminación de oficinas se ha diseñado tradicionalmente a partir de criterios visuales: iluminancia sobre el plano de trabajo, uniformidad, control del deslumbramiento, reproducción cromática, temperatura de color y eficiencia energética. Estos parámetros siguen siendo fundamentales, pero ya no bastan para explicar por completo la relación entre luz, salud y bienestar humano.
La investigación reciente ha demostrado que el ojo no solo permite ver formas, colores y contrastes mediante conos y bastones. También dispone de células ganglionares retinianas intrínsecamente fotosensibles, conocidas como ipRGCs, que contienen melanopsina y participan en respuestas no visuales a la luz. Estas células están conectadas con áreas del cerebro implicadas en la regulación del reloj biológico, especialmente el núcleo supraquiasmático, considerado el principal marcapasos circadiano del organismo.
A través de estas vías, la luz influye en funciones como el ciclo sueño-vigilia, la secreción hormonal, el estado de alerta, la regulación pupilar y el estado de ánimo. De ahí el creciente interés por la iluminación circadiana o integrativa, un enfoque que busca diseñar espacios interiores capaces de proporcionar luz adecuada no solo para ver, sino también para apoyar la fisiología humana durante el día.

En oficinas, este planteamiento resulta especialmente relevante. La disponibilidad de luz natural suele ser elevada junto a las ventanas, pero disminuye de forma notable en las zonas profundas de la planta, donde los trabajadores dependen casi por completo de la iluminación eléctrica. Esta distribución desigual genera diferencias importantes en la exposición lumínica de los ocupantes.
La novedad del estudio es incorporar el monitor como una fuente más dentro del ecosistema lumínico de la oficina. Las pantallas emiten luz directamente hacia el usuario y contribuyen de forma significativa a la iluminancia vertical a la altura del ojo, una dimensión clave para las métricas circadianas. En tareas habituales, como leer documentos, navegar o editar textos, los fondos claros o blancos pueden aumentar esta aportación melanópica frente a otros usos con interfaces oscuras o contenidos audiovisuales.
A partir de un escenario representativo —un monitor LED de 24 pulgadas con fondo blanco y brillo convencional—, la investigación analiza cómo esta fuente interactúa con la luz natural, la iluminación eléctrica y las propiedades reflectantes de las superficies interiores. El objetivo es aportar criterios prácticos para optimizar los entornos de oficina, mejorar la alineación circadiana de los ocupantes y avanzar hacia espacios de trabajo más saludables, eficientes y productivos.
Una oficina abierta como caso de estudio
Para evaluar estos efectos, los investigadores desarrollaron un modelo de simulación de una oficina diáfana de 450 m² situada en Sídney. El espacio cuenta con fachada acristalada orientada al oeste, una relación ventana-muro del 35% y una relación ventana-superficie de suelo del 10%. El modelo se construyó en Rhinoceros 3D y se analizó mediante ALFA, una herramienta de simulación multiespectral orientada al estudio de iluminación circadiana.
La oficina se dividió en tres zonas según la disponibilidad de luz natural. La zona A corresponde a los puestos próximos a la ventana, situados aproximadamente a 3 metros de la fachada. La zona B representa un área intermedia, en torno a 8 metros de las ventanas. La zona C corresponde a la parte profunda del espacio, situada a unos 13 metros, donde la aportación de luz natural es prácticamente nula.

En cuanto a la solución de iluminación, el estudio modeló una oficina iluminada con downlights tuneable white de 4.000 K y 3.517 lm, instalados a 3,2 m de altura y regulables al 100%, 75%, 50%, 25% o apagados. La configuración base garantizaba una iluminancia horizontal media de 323,42 lx, cumpliendo el mínimo de 320 lx para tareas con pantalla.
Además, se incorporó a la simulación un monitor LED Samsung de 24 pulgadas, situado a 500 mm del borde de la mesa y configurado con fondo blanco, para reproducir usos habituales de oficina como lectura o edición de documentos. Tanto las luminarias como la pantalla se integraron mediante datos fotométricos y espectrales, con el fin de evaluar su contribución conjunta a la iluminación visual y circadiana.

Los investigadores evaluaron dos grandes métricas. Por un lado, la iluminancia horizontal mantenida sobre el plano de trabajo, con un objetivo mínimo de 320 lux, adecuado para tareas con pantalla según la normativa australiana/neozelandesa utilizada en el estudio. Por otro, el Equivalent Melanopic Lux, o EML, una métrica empleada para estimar el potencial de la luz en términos de estímulo circadiano. El objetivo fue alcanzar 275 EML por sensor, de acuerdo con los criterios de diseño circadiano del estándar WELL.
Resultados obtenidos
Los resultados muestran que el comportamiento lumínico varía de forma significativa según la posición del trabajador dentro de la oficina. En los puestos próximos a las ventanas, situados a unos 3 metros de la fachada, la disponibilidad de luz natural fue suficiente para cumplir tanto los requisitos circadianos como los de confort visual. En esta zona, la iluminación eléctrica tuvo un papel secundario, ya que la luz diurna por sí sola permitió alcanzar los niveles requeridos. De hecho, incluso con las luminarias apagadas y sin la aportación de los monitores, la iluminancia horizontal superó ampliamente el umbral mínimo establecido.
La situación cambió en las zonas intermedias y profundas de la oficina. En la zona intermedia, a unos 8 metros de las ventanas, la luz natural ya no resultó suficiente por sí sola, por lo que el cumplimiento de los objetivos dependió en mayor medida de la iluminación eléctrica, de la reflectancia de las superficies interiores y de la contribución de los monitores. Sin pantallas, fue necesario mantener la iluminación eléctrica al 100% y utilizar materiales de pared con la máxima reflectancia melanópica. Sin embargo, al incorporar los monitores como fuente suplementaria, el sistema ganó flexibilidad y fue posible reducir la iluminación eléctrica hasta un 50% en determinados escenarios.
En la zona profunda, situada a unos 13 metros de la fachada y sin aporte significativo de luz natural, el papel de los monitores fue todavía más determinante. En esta área, ningún escenario sin pantallas logró cumplir los requisitos circadianos, ni siquiera con la iluminación eléctrica funcionando a plena potencia y con paredes de alta reflectancia. Con los monitores encendidos, en cambio, sí fue posible alcanzar los niveles exigidos, aunque la iluminación eléctrica tuvo que mantenerse al 100%. Esto confirma que, en espacios interiores alejados de la fachada, la pantalla puede convertirse en una fuente clave para completar la exposición melanópica del trabajador.
La aportación de los monitores fue relevante en todas las zonas analizadas. De media, las pantallas contribuyeron con 95,9 EML, lo que equivale a casi el 35% del objetivo circadiano establecido. Su efecto se explica porque emiten luz directamente hacia el usuario y contribuyen especialmente a la iluminancia vertical a la altura de los ojos, una dimensión fundamental para las métricas circadianas. Gracias a esta contribución, los monitores redujeron la necesidad de elevar la iluminancia horizontal para alcanzar el objetivo de EML, evitando así posibles situaciones de sobreiluminación.

El estudio también destaca el papel de las superficies interiores. En las zonas próximas a las ventanas, la reflectancia de las paredes tuvo menor importancia, ya que la luz natural dominaba el comportamiento del espacio. En cambio, en las zonas con menor aporte diurno, una mayor reflectancia melanópica de las paredes resultó esencial para mejorar el rendimiento circadiano. La presencia de monitores permitió ampliar el rango de materiales válidos, especialmente en la zona intermedia, donde incluso superficies con reflectancias más bajas pudieron contribuir al cumplimiento de los objetivos.
Otro aspecto relevante es la diferencia entre reflectancia fotópica y reflectancia melanópica. La primera está más relacionada con la percepción visual y el confort, mientras que la segunda indica la capacidad de una superficie para reflejar la parte del espectro más eficaz en la activación circadiana. Por ello, dos materiales con apariencia visual similar pueden tener comportamientos muy distintos desde el punto de vista biológico. En este sentido, los tonos azules mostraron una mayor reflectancia melanópica que otros colores con una reflectancia visual comparable, aunque las paredes blancas de alta reflectancia ofrecieron el comportamiento más equilibrado para alcanzar simultáneamente los objetivos visuales y circadianos.

Limitaciones y futuras investigaciones
El estudio presenta algunas limitaciones que deben tenerse en cuenta. La principal es que la investigación se centró en una configuración concreta de monitor: una pantalla con fondo blanco, elegida por representar tareas habituales de oficina como lectura de documentos o procesamiento de textos. Este escenario es relevante porque los fondos claros generan una mayor irradiancia melanópica a la altura de los ojos que otros usos, como interfaces oscuras o contenidos de vídeo. Sin embargo, los resultados podrían variar con otros tamaños de pantalla, tecnologías de visualización, configuraciones de varios monitores, niveles de brillo o preferencias de uso.
Los autores señalan la necesidad de validar estos resultados en entornos reales de oficina, incorporando un enfoque más centrado en el usuario. Futuras investigaciones deberán analizar cómo integrar los monitores dentro de las estrategias de diseño lumínico, a pesar de que normalmente se consideran cargas eléctricas y no elementos arquitectónicos. También se plantea el interés de desarrollar sistemas automatizados capaces de ajustar la configuración de las pantallas en función de los ritmos circadianos de los usuarios.
Otro aspecto pendiente es el análisis del deslumbramiento. Si bien los monitores pueden contribuir de forma significativa a la iluminación vertical y al estímulo circadiano, también pueden generar molestias visuales directas o por reflexión, especialmente en puestos próximos a ventanas. Además, aunque el estudio apunta a un posible ahorro energético al reducir la necesidad de iluminación eléctrica, no cuantifica este impacto, por lo que será necesario evaluarlo en futuras investigaciones
En conjunto, el trabajo confirma la importancia de abordar la iluminación de oficinas desde una perspectiva integrativa, considerando la interacción entre luz natural, iluminación eléctrica, monitores y superficies interiores. Los resultados muestran que las pantallas pueden actuar como fuentes suplementarias relevantes: en zonas próximas a las ventanas incrementaron el EML un 20% y permitieron apagar la iluminación eléctrica; en zonas intermedias aumentaron el EML un 8% y permitieron reducir la luz artificial hasta un 50%; y en zonas profundas fueron necesarias para cumplir los requisitos circadianos, aunque con la iluminación eléctrica funcionando al 100%.

Puede acceder al paper completo de la investigación a través del siguiente enlace:
https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S2352710225012884
Portada: Imagen de recurso generada por IA que no pertenece a la investigación

