El daño neurológico asociado a golpes repetidos en la cabeza es uno de los grandes problemas de salud emergentes en el deporte y en otros entornos de alta exposición, como el ámbito militar. Patologías como la encefalopatía traumática crónica (ETC) han puesto de manifiesto que no hacen falta conmociones evidentes para iniciar procesos silenciosos que, con el tiempo, pueden traducirse en pérdida de memoria, deterioro cognitivo o incluso demencia. Sin embargo, las terapias disponibles siguen centradas en tratar síntomas una vez que ya aparecen, sin herramientas eficaces para prevenir los mecanismos biológicos que se activan tras impactos acumulados.
Una nueva aproximación procedente del ámbito de la fotónica biomédica está comenzando a despertar un creciente interés en la investigación neurológica: la terapia con luz infrarroja cercana aplicada al cerebro, conocida como fotobiomodulación transcraneal. Este enfoque, todavía emergente, plantea la posibilidad de utilizar determinadas longitudes de onda del espectro infrarrojo para modular procesos biológicos en el tejido cerebral, especialmente aquellos asociados a la neuroinflamación, uno de los mecanismos centrales implicados en el daño acumulativo tras impactos repetidos.
Un estudio preliminar publicado en Journal of Neurotrauma apunta en esta dirección al sugerir que la exposición regular a luz infrarroja cercana podría reducir, o incluso prevenir, el incremento de inflamación cerebral observado en atletas sometidos a microtraumatismos repetitivos a lo largo de una temporada deportiva. Aunque se trata de resultados iniciales y aún se requieren ensayos clínicos de mayor escala, los hallazgos abren la puerta a una posible estrategia preventiva: intervenir antes de que aparezcan síntomas clínicos, actuando sobre los procesos inflamatorios silenciosos que pueden preceder al deterioro neurológico a largo plazo.

Fotobiomodulación cerebral
El ensayo se realizó con 26 jugadores universitarios de fútbol americano, un colectivo expuesto de forma constante a impactos repetidos. Los participantes fueron divididos en dos grupos: uno recibió tratamiento activo con luz infrarroja cercana mediante un dispositivo tipo casco combinado con un emisor intranasal, mientras que el otro utilizó un sistema idéntico pero sin emisión lumínica real, actuando como placebo.
La terapia fue autoadministrada tres veces por semana durante sesiones de 20 minutos, a lo largo de toda la temporada, un periodo de 16 semanas. El dispositivo empleado, Vielight Neuro Gamma, es un sistema médico patentado diseñado específicamente para alcanzar tejido cerebral, diferenciándose de productos de consumo asociados a usos cosméticos o bienestar general.

Los resultados se evaluaron mediante resonancia magnética antes y después de la temporada, con el objetivo de detectar marcadores de inflamación cerebral. En el grupo placebo, las imágenes mostraron un incremento significativo de inflamación al final del periodo competitivo. En cambio, los jugadores que recibieron terapia activa no presentaron ese aumento, lo que sugiere un posible efecto neuroprotector frente al impacto acumulativo.
La magnitud del hallazgo sorprendió incluso a los propios investigadores. Hannah Lindsey, primera autora del estudio, reconoció que su reacción inicial fue de incredulidad ante lo marcado del efecto. Según los datos, la protección parecía extenderse a la mayoría de las regiones cerebrales analizadas, lo que refuerza la idea de un mecanismo sistémico más que localizado.
Aunque la fotobiomodulación cerebral es todavía un campo emergente, los autores subrayan que existe una base fisiológica plausible. Se sabe que determinadas longitudes de onda en el rango rojo e infrarrojo cercano pueden penetrar parcialmente el cráneo y alcanzar las capas externas del cerebro. En modelos celulares y animales, estas frecuencias se han asociado con reducción de moléculas proinflamatorias, mejora de la función mitocondrial y modulación del estrés oxidativo, procesos todos ellos implicados en el daño progresivo tras traumatismos repetidos.

Hacia ensayos clínicos a gran escala
Pese al potencial, los investigadores insisten en que se trata de un estudio preliminar con limitaciones importantes. El tamaño reducido de la muestra implica que los grupos presentaban niveles iniciales distintos de inflamación debido al azar, lo que obliga a interpretar los resultados con cautela. La confirmación real de la eficacia requerirá ensayos clínicos amplios, aleatorizados y reproducibles en poblaciones diversas.
En esa dirección, el equipo ya ha puesto en marcha un ensayo controlado financiado por el Departamento de Defensa de Estados Unidos, que incluirá a 300 personas con síntomas persistentes tras conmoción o traumatismo craneoencefálico. El estudio se centrará especialmente en primeros respondedores, veteranos y militares en activo, colectivos donde los impactos repetidos son también una preocupación crítica. El reclutamiento está previsto para comenzar en febrero o marzo de 2026.
Si estos resultados se confirman, la luz infrarroja cercana podría convertirse en una herramienta preventiva inédita: una intervención no invasiva capaz de modular la inflamación cerebral antes de que aparezcan síntomas o se consolide el daño neurodegenerativo. a avanzada, con aplicaciones que trascienden lo visual y se adentran en el terreno terapéutico.
La cuestión ya no es solo si los impactos repetitivos pueden dañar el cerebro, algo ampliamente documentado. El reto es si la fotónica aplicada, a través de longitudes de onda específicas y dispositivos clínicamente diseñados, puede ayudar a protegerlo antes de que el daño sea irreversible.

Puede acceder al paper completo de la investigación a través del siguiente enlace:
https://journals.sagepub.com/doi/10.1177/08977151251403554
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Fuente de imagen de portada: Unsplash* *Imagen procedente de bancos de recursos gráficos que no pertenece a la investigación. |

