La distribución profesional de material eléctrico en España cerró 2025 con una facturación de 6.035 millones de euros, tras crecer un 6,7% respecto al año anterior. La cifra sitúa al sector a solo un paso del máximo histórico registrado en 2007, cuando el mercado alcanzó los 6.078 millones de euros.
Los datos fueron presentados por ADIME durante su IX Encuentro anual, celebrado en Madrid con la participación de más de 300 directivos del sector. La jornada permitió tomar el pulso a un mercado que no solo crece en volumen, sino que también está cambiando en profundidad por el avance de la electrificación, la eficiencia energética, la automatización, la digitalización de edificios e infraestructuras y la creciente complejidad técnica de las instalaciones.

2026 mantiene el ritmo de crecimiento
La evolución positiva del sector se mantiene en 2026. Durante el primer cuatrimestre, la distribución de material eléctrico en España registró un crecimiento del 6,97%, en línea con el avance alcanzado en el conjunto de 2025, ejercicio en el que la facturación llegó a los 6.035 millones de euros.
Este comportamiento confirma que el impulso del mercado no responde a un repunte puntual, sino a una tendencia sostenida vinculada a la renovación de instalaciones, la electrificación de consumos, la eficiencia energética y la mayor demanda de soluciones eléctricas en edificios, industria e infraestructuras.
Con los datos disponibles hasta abril, las previsiones apuntan a un crecimiento anual cercano al 7,9%. Este avance estaría apoyado principalmente por los segmentos de mayor peso dentro del mercado, que siguen tirando de la actividad y consolidan un escenario de recuperación próximo a los máximos históricos del sector.

Una cadena de valor con impacto económico propio
El conjunto del sector eléctrico —fabricación, distribución e instalación— alcanza una facturación agregada de 38.821 millones de euros, genera 11.343 millones de euros de valor añadido y sostiene más de 191.000 empleos.
En términos macroeconómicos, este ecosistema representa el 0,71% del PIB y el 0,94% del empleo nacional. Son cifras que sitúan a la cadena eléctrica como un actor relevante dentro de la economía española, especialmente en un momento en el que buena parte de las políticas industriales, energéticas y climáticas dependen de la capacidad de ejecutar instalaciones eléctricas de forma segura, eficiente y técnicamente solvente.

Talento, digitalización y productividad: los tres grandes retos
El Radar Económico ADIME identifica tres prioridades estratégicas para los directivos del sector: la atracción, motivación y fidelización del talento, con un 17%; la digitalización de procesos clave, con un 15%; y la mejora de la productividad y la rentabilidad, también con un 15%.
La gestión del talento aparece como el principal reto porque el sector necesita perfiles cada vez más especializados. La evolución del producto eléctrico exige profesionales capaces de combinar conocimiento técnico, capacidad comercial, manejo de herramientas digitales y comprensión de las necesidades del cliente profesional.
La digitalización, por su parte, se ha convertido en una condición necesaria para competir. La distribución trabaja con catálogos extensos, referencias técnicas complejas, documentación normativa, información de fabricantes y demandas de integración con clientes. Mejorar la calidad del dato, automatizar procesos y reforzar la trazabilidad documental serán claves para ganar eficiencia.
La productividad completa este triángulo estratégico. Crecer en facturación no basta si el sector no mejora sus procesos internos, optimiza inventarios, reduce ineficiencias y adapta su modelo de servicio a un mercado más exigente.

La inteligencia artificial entra en la agenda del sector
La sesión dedicada a inteligencia artificial fue la mejor valorada del IX Encuentro, con una puntuación de 4,94 sobre 5. El dato confirma el creciente interés del sector por una tecnología que puede tener aplicaciones directas en la distribución profesional.
La IA puede ayudar a mejorar la predicción de demanda, optimizar inventarios, automatizar tareas administrativas, facilitar la búsqueda técnica de productos, detectar equivalencias entre referencias o reforzar la atención al cliente. Sin embargo, su incorporación exigirá trabajar sobre bases de datos fiables y criterios técnicos bien definidos.
En un sector donde una recomendación incorrecta puede afectar a la seguridad o al cumplimiento normativo, la inteligencia artificial no sustituye al conocimiento especializado. Su valor dependerá de cómo se integre en procesos donde el criterio técnico seguirá siendo determinante.

Imágenes: ADIME

