La percepción visual no depende únicamente de qué vemos, sino también de cuándo lo vemos. La sincronización temporal de las señales es tan crucial como la fidelidad espacial de la imagen proyectada en la retina. Sin embargo, la retina no es un sistema homogéneo: sus células ganglionares —encargadas de transmitir información al cerebro— envían impulsos eléctricos a través de fibras nerviosas de longitudes muy diferentes. Incluso células vecinas pueden tener recorridos axonales que divergen de forma significativa antes de confluir en el nervio óptico.
Esto plantea un problema fundamental: ¿cómo logra el sistema visual que una imagen percibida en milisegundos no llegue al cerebro desfasada, como si cada parte del campo visual estuviera transmitida con un retardo distinto? La respuesta empieza a esclarecerse gracias a un reciente estudio del Institute of Molecular and Clinical Ophthalmology Basel (IOB), publicado en Nature Neuroscience, que demuestra que la corrección temporal no ocurre únicamente en el cerebro, sino que comienza en la propia retina.

El trabajo revela un mecanismo conocido como “axonal tuning” o sintonía axonal. En esencia, las fibras nerviosas más largas —propias de ciertas células ganglionares retinianas— presentan un diámetro mayor, lo que incrementa la velocidad de conducción del impulso eléctrico. Así, aunque la distancia física sea mayor, la señal viaja más rápido, reduciendo las diferencias en el tiempo de llegada.
Este ajuste estructural permite que los retrasos se reduzcan a unos pocos milisegundos, lo que garantiza una percepción visual unificada y estable. En términos de neuroingeniería, estamos ante un ejemplo elegante de cómo la biología optimiza no solo la calidad de la señal, sino también la latencia de transmisión.
Capas múltiples de compensación
El estudio destaca que la sintonía axonal es solo una de varias capas de compensación temporal:
- Velocidad axonal: el diámetro mayor de las fibras más largas aumenta la velocidad de conducción.
- Respuesta celular inicial: distintos tipos de células retinianas presentan latencias de activación específicas que ajustan aún más la temporización.
- Procesamiento cerebral: una vez en la corteza visual, existen mecanismos adicionales de integración temporal.
La retina, lejos de ser un simple sensor pasivo, actúa como un procesador distribuido que entrega al cerebro datos ya preajustados en tiempo y forma.
Estos hallazgos plantean, por tanto, preguntas importantes sobre cómo se ajustan las fibras nerviosas durante el desarrollo, por ejemplo, cómo se regula su diámetro y cómo sus membranas ayudan a controlar la velocidad de transmisión de la señal. Comprender estos mecanismos podría revelar principios fundamentales de coordinación temporal en el cerebro, con relevancia mucho más allá del sistema visual.

Puede acceder al paper completo de la investigación, a través del siguiente enlace:
https://www.nature.com/articles/s41593-025-02011-3
Fuente de imagen portada: Freepik. Imagen procedente de bancos de recursos gráficos que no pertenece a la investigación.

