La expansión urbana y la creación de nuevas infraestructuras de movilidad está modificando el paisaje nocturno europeo. Cada vez son más las carreteras y vías ciclistas que se adentran en entornos antes oscuros —zonas rurales, periurbanas o naturales— y que ahora cuentan con iluminación LED destinada a mejorar la seguridad. Pero esta luz adicional puede alterar de forma importante los ecosistemas nocturnos que rodean estas infraestructuras.
Los murciélagos, especies estrictamente nocturnas y muy sensibles a la presencia de luz artificial, son de los primeros en verse afectados. Cambios mínimos en la intensidad o el color del alumbrado pueden modificar sus rutas de vuelo y sus hábitos de alimentación, convirtiéndolos en un indicador clave del impacto ecológico de la nueva iluminación viaria.

Un grupo de investigadores alemanes ha publicado un nuevo estudio que introduce una variable esencial en el debate sobre el alumbrado sostenible: ¿puede la iluminación LED controlada por movimiento —combinada con un apagado parcial nocturno— reducir los efectos negativos de la luz sobre la fauna sin comprometer la seguridad de los usuarios? El trabajo, realizado a lo largo de un carril bici de 35 km cerca de la ciudad de Münster, analiza con una precisión cómo diferentes configuraciones lumínicas —desde intervalos temporales de encendido hasta variaciones en el espectro— modifican la actividad acústica de las poblaciones locales de murciélagos.
Los resultados, publicados bajo el título “Mitigating light pollution through motion-controlled LED lighting to protect bats”, confirman que un control dinámico y parcial de la iluminación puede mitigar en parte su impacto ecológico, pero también revelan que ni siquiera las fuentes de luz cálidas, como los LED ámbar, están libres de provocar efectos adversos en las especies más sensibles en entornos más rurales.
Luz y biodiversidad
La luz artificial altera los comportamientos de orientación, alimentación y reproducción de numerosas especies nocturnas. En el caso de los murciélagos, los efectos son especialmente notables: las especies que cazan en espacios abiertos o de borde (como Pipistrellus o Eptesicus) pueden sentirse atraídas por la concentración de insectos en torno a las luminarias, mientras que las especies forestales —de vuelo lento y adaptadas a ambientes densos— tienden a evitar cualquier fuente luminosa, incluso de baja intensidad.
Estas diferencias comportamentales están bien documentadas, pero hasta ahora pocos estudios habían evaluado la interacción entre tipo de luz, duración y contexto ecológico (urbano vs. rural). El equipo de investigación se propuso llenar ese vacío combinando dos estrategias tecnológicas emergentes:
- el apagado parcial nocturno (entre las 23:00 y las 5:00),
- y el control por sensores de movimiento, que activa las luminarias únicamente cuando un peatón o ciclista pasa por el tramo.
El objetivo era doble: evaluar si la intermitencia lumínica podía reducir la perturbación y, al mismo tiempo, comprobar si los LED de espectro cálido (ámbar, 1800 K) eran realmente inocuos para los murciélagos más sensibles.

Un laboratorio al aire libre: diseño y metodología del experimento
El experimento se llevó a cabo a lo largo de un carril bici de 35 kilómetros en las afueras de Münster, convertido durante cuatro meses en un auténtico laboratorio al aire libre. Los investigadores seleccionaron dos zonas con condiciones muy distintas: una periurbana, que discurría entre áreas residenciales e industriales, y otra rural, próxima al humedal protegido de los “Rieselfelder”, declarado sitio Ramsar por su valor ecológico.
En cada tramo se instalaron luminarias LED programables con distintos regímenes de encendido para evaluar cómo reaccionaban los murciélagos ante diferentes patrones de luz. En la zona periurbana se compararon tres escenarios: tramos iluminados durante 40 segundos con luz blanca cálida de 2.700 kelvin, otros con el mismo tipo de luz pero solo durante 20 segundos, y un tercer tramo completamente oscuro que servía de control. En la zona rural, más sensible desde el punto de vista ambiental, se redujeron las pruebas a dos configuraciones: iluminación ámbar de 1.800 kelvin con intervalos de 20 segundos y un tramo de control sin iluminación.

Todos los sistemas compartían una misma regla: el apagado total entre las once de la noche y las cinco de la madrugada, con independencia del paso de ciclistas o peatones. De ese modo, los científicos podían observar cómo variaba la actividad de los murciélagos antes y después del periodo de oscuridad plena.
Para registrar su presencia, se emplearon detectores ultrasónicos Batlogger instalados junto a las farolas. Estos equipos capturaban los ecos emitidos por los quirópteros en vuelo, permitiendo identificar las especies o, al menos, el tipo de comportamiento asociado a cada grupo. Entre julio y octubre de 2024, el sistema registró más de treinta mil archivos acústicos, posteriormente clasificados en tres grandes categorías o “gremios de forrajeo”: los murciélagos de espacio abierto, como Nyctalus noctula; los que prefieren bordes y espacios intermedios, como Pipistrellus pipistrellus y Eptesicus serotinus; y los especialistas forestales, adaptados a moverse entre la vegetación densa, como los géneros Myotis y Plecotus.

El diseño experimental —una noche sin luz y otra con el tratamiento activo— permitió a los investigadores aislar con precisión el efecto de la iluminación artificial frente a otros factores ambientales como la temperatura, el viento o la fase lunar. Así, cada tramo del carril bici se convirtió en una pieza de evidencia dentro de un rompecabezas mayor: comprender hasta qué punto la luz, incluso cuando es cálida, breve y eficiente, puede alterar el delicado equilibrio de la vida nocturna.
Resultado obtenidos
El experimento demostró que la forma en que se gestiona el tiempo de iluminación tiene un efecto determinante sobre la respuesta de los murciélagos a la luz artificial nocturna.
En la zona periurbana, los investigadores observaron que la combinación de encendido por sensores de movimiento y apagado parcial durante la madrugada eliminó prácticamente cualquier efecto negativo de la luz sobre la actividad acústica de los murciélagos. En contraste con un estudio piloto previo, donde los animales evitaban las farolas con control por presencia durante toda la noche, en este nuevo régimen —con apagado entre las 23:00 y las 5:00— no se detectaron reacciones de huida ni disminución significativa de actividad en ninguno de los tres gremios de forrajeo analizados (especies de espacio abierto, de borde y forestales).
Además, reducir la duración del encendido de 40 a 20 segundos no produjo diferencias medibles en la actividad de vuelo, lo que sugiere que la frecuencia de activación o la presencia intermitente de luz es menos relevante que su periodo total de funcionamiento. Los autores interpretan que el apagado completo en mitad de la noche actúa como un factor de protección decisivo, al restaurar unas horas de oscuridad total suficientes para mantener los patrones naturales de comportamiento.

La situación fue distinta en la zona rural colindante con el humedal protegido de Rieselfelder. Allí, las especies forestales, particularmente las de los géneros Myotis y Plecotus, redujeron de forma significativa su actividad cuando se encendían las luminarias LED ámbar de 1.800 K, incluso en exposiciones breves y de baja intensidad. Este resultado es especialmente relevante, pues demuestra que ni siquiera las fuentes cálidas y de longitud de onda larga son inocuas para los murciélagos más sensibles, que tienden a evitar cualquier foco luminoso en entornos naturales.
Los investigadores advierten que este tipo de respuesta podría agravarse en el futuro si aumenta la frecuencia de paso de ciclistas o peatones, ya que un mayor número de activaciones del sistema convertiría la iluminación intermitente en una iluminación casi continua, con el consiguiente incremento de la perturbación.¡
En conjunto, los resultados indican que la iluminación controlada por sensores y el apagado parcial nocturno pueden considerarse un compromiso eficaz entre seguridad y conservación en entornos periurbanos, donde la fauna está más habituada a la presencia humana y a cierto nivel de iluminación. Sin embargo, en zonas rurales o ecológicamente sensibles, la estrategia realmente efectiva sigue siendo mantener la oscuridad completa y evitar cualquier instalación lumínica, por muy eficiente o “respetuosa” que se declare.
Los investigadores también reconocen varias limitaciones que tiene el estudio: las especies se agruparon en tres grandes gremios de forrajeo debido a la dificultad de distinguirlas por sus llamadas; la detección favorece a los murciélagos con señales más potentes, lo que podría sesgar la representación de algunos grupos; y el número de emplazamientos fue limitado, aunque se controlaron las variables ambientales y se mantuvo un diseño experimental riguroso.
Aun con estas restricciones, los resultados parecen ofrecer una orientación clara: adaptar el alumbrado al contexto ecológico y temporal, restringiendo su uso allí donde la oscuridad cumple una función esencial para la biodiversidad nocturna.

Puede acceder al paper completo de la investigación a través del siguiente enlace:
https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0269749125015787
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Fuente de imágenes de apoyo: Freepik-Unsplash*. *Imágenes procedentes de bancos de recursos gráficos que no pertenecen a la investigación. |

