La cantidad de luz que una persona recibe durante el día podría estar relacionada con su riesgo de desarrollar demencia años después. Un amplio estudio basado en datos objetivos de exposición lumínica de más de 87.000 participantes del UK Biobank ha encontrado que niveles elevados de luz diurna y, especialmente, pasar determinados periodos bajo iluminancias intensas se asocian con una menor incidencia futura de demencia.
La investigación, publicada en General Psychiatry, analiza la exposición a la luz a partir de mediciones realizadas durante siete días mediante sensores instalados en dispositivos de muñeca. Los resultados muestran que los participantes expuestos durante el día a niveles superiores a 1.000 lux presentaron un riesgo de demencia un 16% menor que aquellos que recibieron niveles inferiores. La asociación también apareció al analizar el tiempo acumulado bajo iluminancias más elevadas: alcanzar al menos 0,70 horas diarias —unos 42 minutos— con niveles iguales o superiores a 5.000 lux se relacionó con una reducción significativa del riesgo.

La relación entre luz y demencia
La demencia constituye una de las principales causas de discapacidad y dependencia entre las personas mayores y, aunque existen numerosos factores relacionados con su aparición, identificar variables modificables que puedan reducir el riesgo continúa siendo una prioridad de investigación.
Para estudiar el posible papel de la luz, los investigadores analizaron información de 87.000 participantes del UK Biobank que inicialmente no presentaban demencia. La exposición lumínica se registró durante siete días mediante sensores incorporados en dispositivos de muñeca, lo que permitió reconstruir los patrones de luz recibidos a lo largo de las 24 horas.
A partir de estas mediciones se calcularon tanto los niveles medios de iluminación durante el día y la noche como el tiempo que los participantes permanecían expuestos a diferentes umbrales de luz intensa. Posteriormente, los investigadores realizaron un seguimiento durante una mediana de 8,1 años. En ese periodo se identificaron 741 nuevos casos de demencia.

El análisis mostró una asociación consistente entre una mayor exposición lumínica durante las horas diurnas y un menor riesgo posterior de desarrollar la enfermedad. Los participantes con niveles de exposición diurna superiores a 1.000 lux presentaron aproximadamente un 16% menos de riesgo que aquellos situados por debajo de ese nivel. Al analizar iluminancias más elevadas, también se observó que pasar una determinada cantidad de tiempo bajo luz intensa estaba relacionado con una menor incidencia.
Uno de los umbrales estudiados fue el de 5.000 lux. Las personas que acumulaban al menos 0,70 horas diarias por encima de esta iluminancia mostraban un riesgo significativamente inferior de demencia. Un nivel de 5.000 lux está muy por encima de las iluminancias habituales de muchos interiores, pero puede alcanzarse con relativa facilidad en espacios exteriores durante el día, incluso sin exposición directa al sol. La medición en la muñeca, sin embargo, impide trasladar estos valores directamente a la cantidad de luz que alcanza el ojo, aspecto importante a la hora de interpretar los resultados o plantear futuras intervenciones
La luz nocturna no mostró la misma asociación
El estudio también analizó la exposición a luz durante las horas nocturnas, una cuestión especialmente relevante por la creciente evidencia sobre los efectos que la iluminación nocturna puede ejercer sobre el sistema circadiano.
En este caso, los investigadores no encontraron una asociación estadísticamente significativa entre la exposición lumínica nocturna considerada de forma independiente y el riesgo de desarrollar demencia.
Este resultado no implica que la luz nocturna carezca de efectos fisiológicos. Numerosos trabajos han estudiado su influencia sobre la melatonina, el sueño y la sincronización circadiana. Lo que indica este análisis concreto es que, dentro de la población y las condiciones estudiadas, los niveles nocturnos registrados no aparecieron como un predictor independiente significativo de la incidencia de demencia.

Sí se detectó, sin embargo, una interacción entre la luz recibida durante el día y determinadas características de los participantes. La asociación protectora de una elevada exposición diurna fue especialmente marcada entre las personas que también presentaban altos niveles de iluminación durante la noche, aquellas con cronotipo vespertino y los portadores de la variante genética APOE ε4, uno de los principales factores genéticos conocidos de riesgo de enfermedad de Alzheimer.
Dependiendo del grupo analizado, las reducciones relativas del riesgo de demencia asociadas con una mayor exposición diurna oscilaron entre aproximadamente el 19% y el 41%.
Ritmos circadianos y estructura cerebral como posibles mecanismos
Además de identificar la asociación epidemiológica, los investigadores trataron de determinar qué mecanismos podrían estar contribuyendo a explicar la relación entre luz y riesgo de demencia.
Los análisis de mediación señalaron dos posibles vías: la organización de los ritmos circadianos de actividad y descanso y determinadas características estructurales del cerebro. En conjunto, estos factores podrían explicar hasta aproximadamente un tercio de la asociación observada.
La luz es una de las principales señales ambientales utilizadas por el organismo para sincronizar el sistema circadiano. Una exposición intensa durante el día contribuye a reforzar el contraste entre las fases de actividad y descanso, algo que podría favorecer unos ritmos circadianos más robustos.
El estudio encontró además asociaciones entre una mayor exposición diurna y determinadas medidas estructurales cerebrales. Entre ellas destacó la corteza fusiforme, cuya superficie apareció como un mediador significativo. Los autores también observaron que niveles elevados de luz durante el día se relacionaban con una mayor superficie o volumen en regiones del lóbulo temporal medial, una zona particularmente relevante en procesos relacionados con memoria y deterioro cognitivo.

Limitaciones y futuras investigaciones
Los resultados de esta investigación sitúan a la exposición a la luz durante el día como un posible factor ambiental modificable relacionado con la salud cerebral. No obstante, los autores subrayan que el estudio es observacional y, por tanto, no permite demostrar que una mayor exposición a la luz sea directamente responsable de la reducción del riesgo de demencia.
Existen además varias limitaciones. La luz se midió mediante sensores situados en la muñeca y no directamente a nivel ocular, por lo que los valores registrados no representan exactamente la exposición recibida por el sistema visual y circadiano. Además, la población del UK Biobank presenta, en general, un perfil más saludable que el conjunto de la población, lo que puede limitar la extrapolación de los resultados.
Los investigadores consideran necesario realizar nuevos estudios que permitan comprobar si aumentar deliberadamente la exposición lumínica durante el día, mediante cambios ambientales o intervenciones específicas de iluminación, puede producir mejoras en los ritmos circadianos, la estructura cerebral y, finalmente, reducir el riesgo de desarrollar demencia.

Puede acceder al paper completo de la investigación a través del siguiente enlace:
https://onlinelibrary.wiley.com/doi/10.1002/gps3.70039
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