La expansión urbana constituye uno de los procesos más determinantes en la transformación de los ecosistemas contemporáneos. El crecimiento de las ciudades, especialmente en entornos costeros, no solo implica cambios en el uso del suelo o en la configuración del paisaje, sino también la introducción de nuevos factores ambientales que pueden alterar profundamente los equilibrios biológicos. Entre ellos, la luz artificial nocturna (Artificial Light At Night, ALAN) se ha consolidado como una de las perturbaciones antropogénicas más extendidas y persistentes.
Un estudio reciente liderado por el profesor asistente Daiki Sato, del Institute for Advanced Academic Research y la Graduate School of Science de la Universidad de Chiba (Japón), aporta nuevas evidencias sobre cómo la iluminación urbana puede influir no solo en el comportamiento o la fisiología de las especies, sino también en su diferenciación genética y distribución ecológica.
Publicado en la revista científica PNAS Nexus en febrero de 2026, el trabajo se centra en dos especies de isópodos intermareales del género Ligia en la bahía de Tokio, uno de los entornos costeros más urbanizados y luminosos del planeta. Estos pequeños crustáceos, que habitan en la estrecha franja intermareal entre tierra y mar, constituyen un modelo ideal para estudiar los efectos de la urbanización sobre los organismos marinos. Su hábitat suele coincidir con infraestructuras artificiales como diques, muros de contención o bloques de hormigón, lugares donde la iluminación nocturna puede ser intensa.

Gradientes de iluminación urbana y diferenciación ecológica
Los ecosistemas costeros son especialmente vulnerables a la presencia de iluminación artificial nocturna y a la intensa presión derivada de la actividad humana. Numerosos estudios han demostrado que los crustáceos y otros organismos intermareales presentan una elevada sensibilidad a las variaciones en las condiciones de iluminación, de modo que incluso pequeñas alteraciones en los niveles de luz nocturna pueden provocar cambios significativos en su comportamiento y en sus procesos fisiológicos.
No obstante, a pesar del creciente volumen de investigaciones en este ámbito, todavía no se comprende con precisión cómo las perturbaciones asociadas a la luz artificial nocturna (ALAN) influyen en la configuración de los patrones ecológicos y genéticos entre especies estrechamente relacionadas.
Para abordar esta brecha de conocimiento, el profesor asistente Daiki Sato, del Institute for Advanced Academic Research y la Graduate School of Science de la Universidad de Chiba (Japón), analizó cómo las perturbaciones asociadas a la luz artificial nocturna (ALAN) se relacionan con la diferenciación ecológica y genética de dos especies estrechamente emparentadas de isópodos intermareales, Ligia laticarpa y Ligia furcata, a lo largo de la bahía de Tokio.
Este enclave constituye uno de los entornos costeros más urbanizados y luminosos del mundo, lo que lo convierte en un escenario idóneo para investigar los efectos de la iluminación artificial sobre los ecosistemas. En esta región, el fuerte contraste entre las áreas interiores, sometidas a elevados niveles de iluminación nocturna, y las zonas exteriores, donde las condiciones de oscuridad son relativamente mayores, genera un marcado gradiente ambiental lumínico. A este se suman otros factores relevantes, como las variaciones en la salinidad del agua, la cobertura vegetal del litoral o la intensidad de la actividad humana, configurando un contexto complejo que permite analizar cómo interactúan los distintos estresores antropogénicos en la distribución y evolución de las especies costeras.

Los resultados mostraron un patrón claro de partición ecológica. Ligia laticarpa predominaba en las zonas interiores de la bahía, caracterizadas por niveles elevados de iluminación nocturna y una mayor presencia de infraestructuras urbanas. Por el contrario, Ligia furcata se encontraba principalmente en áreas exteriores, donde las condiciones de oscuridad eran más cercanas al entorno natural.
Los análisis genéticos revelaron además que ambas especies mantienen identidades claramente diferenciadas, sin evidencias de hibridación reciente. Este hallazgo sugiere que los gradientes ambientales asociados a la urbanización —incluida la iluminación nocturna— pueden estar actuando como barreras ecológicas que limitan el intercambio genético entre especies cercanas.
No obstante, el estudio también detectó patrones más complejos a nivel poblacional. En determinados puntos del interior de la bahía se identificaron señales de mezcla genética atribuibles a la presencia de una tercera especie del género Ligia. Este fenómeno parecía correlacionarse con la densidad de tráfico marítimo, lo que sugiere que la actividad humana puede facilitar la translocación ocasional de organismos entre diferentes regiones costeras, alterando las dinámicas naturales de las poblaciones.

Además de la iluminación nocturna, el análisis estadístico de 28 años de datos ambientales identificó otros dos factores clave que influyen en la distribución de las especies: la salinidad del agua y la cobertura vegetal en la franja costera. La interacción entre estos elementos genera nichos ecológicos diferenciados que permiten la coexistencia de especies similares dentro de un mismo sistema costero.
“En conjunto, estos hallazgos ponen de relieve el papel de la luz artificial nocturna como un potente —aunque todavía infravalorado— motor de partición ecológica en los sistemas costeros, evidenciando cómo las perturbaciones de origen humano pueden influir en los procesos evolutivos”, señala el Dr. Sato. “Más allá de considerar la iluminación artificial y otros factores de estrés antropogénico únicamente como elementos degradantes, este trabajo demuestra que algunas especies son capaces no solo de persistir en entornos alterados por la actividad humana, sino también de divergir e incluso desarrollar procesos de adaptación dentro de estos sistemas transformados”.
En términos generales, esta investigación, junto con trabajos previos en este ámbito, sugiere que reconocer las dinámicas ecológicas mediadas por la actividad humana en los sistemas costeros puede contribuir a una planificación urbana más sensible desde el punto de vista ambiental. En este contexto, factores como la iluminación artificial podrían gestionarse y ajustarse de manera estratégica para favorecer la conservación de la biodiversidad, en lugar de comprometerla.

Puede acceder al paper completo de la investigación a través del siguiente enlace:
https://academic.oup.com/pnasnexus/article/5/2/pgag020/8494250
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Fuentes de imágenes: Freepik-Unsplash-Chatgpt*. *Imágenes de apoyo procedentes de bancos de recursos gráficos o generadas por IA que no pertenecen a la investigación. |

