La edición 2026 del índice IMD Smart City, elaborado por el IMD World Competitiveness Center, introduce un cambio de enfoque que afecta directamente a cómo se están planteando las políticas urbanas en Europa y en otros mercados avanzados. El informe, que evalúa 148 ciudades a partir de indicadores técnicos y encuestas a ciudadanos, cuestiona una de las premisas más repetidas en los últimos años: que la digitalización y el despliegue tecnológico son suficientes para definir el grado de “inteligencia” de una ciudad.
Los datos apuntan en otra dirección. Las urbes mejor posicionadas —con Zúrich, Oslo y Ginebra a la cabeza— no destacan tanto por la visibilidad de sus soluciones tecnológicas como por la coherencia entre planificación, inversión pública y capacidad de generar confianza en la ciudadanía. Es un matiz relevante porque desplaza el foco desde la infraestructura hacia la gestión, introduciendo variables como la transparencia, la participación ciudadana o la calidad percibida de los servicios públicos como elementos centrales del concepto de ciudad inteligente.

Una triple alineación: instituciones, confianza e infraestructura
El núcleo del informe se articula en torno a una idea sencilla pero contundente: el rendimiento urbano depende de la alineación entre instituciones, confianza e infraestructura. No se trata de tres dimensiones independientes, sino de un sistema interdependiente en el que cada elemento refuerza o debilita a los demás.
Las ciudades mejor posicionadas, como Zúrich, Oslo o Ginebra, no destacan tanto por la visibilidad de su tecnología como por la solidez de sus estructuras institucionales. En estos casos, los ciudadanos valoran más la calidad de los servicios, la accesibilidad de la información pública o la capacidad de participar en la toma de decisiones que la sofisticación de las soluciones digitales. La tecnología está presente, pero no es el elemento definitorio.
El índice pone cifras a esta tendencia: en la mayoría de ciudades del top 20, las puntuaciones en el pilar de estructuras superan a las de tecnología. En cambio, en las ciudades peor clasificadas ocurre lo contrario. Es un patrón consistente que cuestiona directamente los enfoques basados exclusivamente en el despliegue tecnológico.
En este contexto, la confianza emerge como variable crítica. La gestión urbana depende cada vez más de sistemas basados en datos, desde la movilidad hasta la energía o el alumbrado público. Pero la disponibilidad de información no garantiza su aceptación. De hecho, el informe subraya una tensión creciente: mientras los planificadores necesitan datos para optimizar la ciudad, los ciudadanos exigen control sobre cómo se recogen y utilizan. El cambio de enfoque es claro. La pregunta ya no es qué se puede medir, sino qué se debe medir. Este matiz, aparentemente menor, tiene implicaciones profundas en el diseño de infraestructuras urbanas.

El informe también redefine el concepto de infraestructura. A los activos físicos tradicionales se suma una capa digital que resulta ya indispensable. La conectividad se convierte en un servicio básico, comparable al suministro eléctrico o al agua. Sin embargo, esta transición plantea un riesgo evidente: la aparición de nuevas desigualdades si el acceso a estas infraestructuras no se gestiona como un bien público.
El caso de Singapur ilustra el potencial de esta integración. Su equilibrio entre tecnología y estructuras se traduce en altos niveles de confianza en los servicios digitales. La clave no estaría en la intensidad del despliegue tecnológico, sino en su integración dentro de un marco institucional sólido. En contraste, ciudades con niveles tecnológicos similares pero menor calidad institucional, como Bangkok, muestran resultados significativamente más bajos en términos de bienestar percibido.
A esta base se suman factores estructurales que condicionan el éxito urbano. La sostenibilidad deja de ser un ámbito aislado para integrarse en todas las decisiones, alineando eficiencia y reducción de impacto ambiental. El capital humano emerge como un elemento crítico: sin formación y capacidades, la tecnología no se adopta ni se aprovecha plenamente. Ejemplos como Hanói o Ciudad Ho Chi Minh muestran el potencial del desarrollo digital, pero también la necesidad de acompañarlo con inversión en educación e instituciones. El caso de India evidencia el límite opuesto: polos tecnológicos avanzados sin una base institucional equivalente que limite su impacto.
La dimensión cultural completa este marco. Las ciudades que integran innovación respetando su identidad histórica generan mayor aceptación y cohesión social. Casos como Liubliana o Viena reflejan cómo la confianza no depende exclusivamente de lo digital, sino también de la relación histórica entre ciudadanía e instituciones.
La lógica circular de las Smart Cities
El IMD concluye con una idea que sintetiza todo el análisis: la inteligencia urbana responde a una lógica circular. La confianza permite desplegar infraestructuras y servicios; si estos funcionan y generan valor, refuerzan esa confianza, creando las condiciones para nuevas inversiones y mejoras.
Este ciclo explica por qué las estructuras —entendidas como gobernanza, instituciones y calidad del servicio público— son a la vez causa y consecuencia del rendimiento urbano. No son solo un punto de partida, sino el resultado acumulado de la relación entre ciudad y ciudadanía.

El informe también advierte de los riesgos de romper este equilibrio. Cuando la tecnología avanza más rápido que la gobernanza, los beneficios se fragmentan. Cuando la confianza se basa únicamente en la funcionalidad de los servicios —como ocurre en algunas ciudades emergentes— puede resultar frágil y reversible. Y cuando las expectativas ciudadanas no se ven satisfechas, incluso en entornos desarrollados, se produce una erosión del vínculo institucional.
Ejemplos como Yakarta o Nairobi muestran altos niveles de confianza en servicios digitales pese a debilidades estructurales, lo que apunta a una confianza de carácter más transaccional. En el extremo opuesto, ciudades como Atenas o Roma reflejan cómo la falta de respuesta institucional puede erosionar la confianza incluso en contextos de alto desarrollo.
La lección final es clara. La ciudad inteligente no es el resultado de acumular tecnología, sino de coordinar de forma coherente gobernanza, infraestructura, sostenibilidad, capital humano, cultura y confianza. Estos elementos no operan en paralelo, sino como partes de un mismo sistema.
El Top 20 del IMD Smart City Index 2026: estabilidad en el liderazgo y movimientos significativos
El ranking 2026 del IMD World Competitiveness Center mantiene una notable continuidad en sus primeras posiciones. Zúrich conserva el liderazgo, seguida de Oslo y Ginebra, mientras que Londres y Copenhague completan el Top 5, consolidando el peso de las ciudades europeas en la parte alta del índice.

El informe también recoge movimientos significativos. AlUla protagoniza uno de los mayores ascensos, con 27 posiciones, y Washington D. C. avanza 23 puestos. En sentido contrario, Burdeos y Lyon retroceden 19 posiciones, mientras que Ottawa y Shenzhen caen 18, reflejando ajustes derivados de la percepción ciudadana y la evolución de sus estructuras.
Dentro del Top 10, Dubái (6º) y Abu Dabi (10º) consolidan el posicionamiento del modelo del Golfo, basado en una fuerte inversión pública en digitalización acompañada de altos niveles de calidad en la prestación de servicios.
Fuera de los primeros puestos, el índice apunta dinámicas interesantes en ciudades emergentes como Hanói y Ciudad Ho Chi Minh, que combinan puntuaciones tecnológicas comparables a muchas capitales europeas con elevados niveles de confianza en los servicios digitales.
Ciudades españolas en el Ranking
El IMD Smart City Index 2026 incorpora a cuatro ciudades españolas en su clasificación global: Bilbao, Madrid, Zaragoza y Barcelona. Sus posiciones —30, 37, 63 y 94, respectivamente— dibujan un escenario heterogéneo, donde conviven dinámicas de estabilidad relativa con retrocesos que apuntan a una pérdida de alineación entre estrategia urbana y percepción ciudadana.
Bilbao se mantiene como la ciudad española mejor posicionada, aunque pierde una plaza respecto a 2025, pasando del puesto 29 al 30. El dato, en sí mismo, no altera la lectura de fondo: la capital vizcaína sigue consolidando un modelo urbano. Su trayectoria en el índice, con posiciones estables en los últimos años, sugiere que la ciudad ha logrado sostener un equilibrio razonable entre infraestructura, servicios y percepción ciudadana, un aspecto que el informe identifica como clave para el rendimiento global.
En el caso de Madrid, la evolución es más contenida pero igualmente significativa. Tras caer tres posiciones en 2025 —hasta el puesto 38—, la ciudad recupera ligeramente terreno en 2026 y se sitúa en el puesto 37. Este movimiento, aunque modesto, apunta a una cierta estabilización tras varios años de fluctuaciones.

La evolución de Barcelona es, probablemente, la más relevante en términos de tendencia. En 2025 ya registraba el retroceso más acusado entre las ciudades españolas, cayendo once posiciones hasta el puesto 92 y acumulando cinco años consecutivos de descensos —del puesto 58 en 2020 al 92 en 2025—. Lejos de revertirse, esta dinámica se prolonga en 2026, con una nueva caída hasta el puesto 94.
Por su parte, Zaragoza rompe la tendencia positiva que había marcado el año anterior. En 2025 fue la única ciudad española que mejoró su posición, pasando del puesto 57 al 52. Sin embargo, en la edición de 2026 registra un descenso significativo hasta el puesto 63.
En conjunto, la evolución de las ciudades españolas refleja una idea que atraviesa todo el informe: la competitividad urbana ya no depende únicamente de la inversión en tecnología o infraestructura, sino de su capacidad para integrarse en modelos de gestión transparentes y orientados al ciudadano. La estabilidad de Bilbao, la ligera recuperación de Madrid y los descensos de Barcelona y Zaragoza apuntan, en distintos grados, a ese mismo desafío: convertir la innovación urbana en valor percibido.
Puede acceder al informe y ranking completo del IMD Smart City Index 2026 a través del siguiente enlace:
https://imd.widen.net/view/pdf/697v9hkavp/SmartCityIndex-2026.pdf?t.download=true&u=dnnfeq
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