Autor: Departamento de Comunicación de Carandini
En un contexto donde la eficiencia energética y la sostenibilidad guían el diseño de la iluminación urbana, la pregunta clave ya no es cuánta luz ofrecemos, sino cómo, cuándo, dónde y por qué iluminamos. Durante años se asumió que más luz equivalía a mayor seguridad, desarrollo y modernidad. Hoy sabemos que este enfoque no solo es ineficiente, sino también perjudicial para el medio ambiente, la salud humana y la biodiversidad.
La contaminación lumínica es una consecuencia directa del uso inadecuado de la luz. La sobreiluminación representa un desperdicio energético y puede generar molestias visuales; el deslumbramiento, causado por fuentes mal ubicadas o demasiado intensas, compromete la visibilidad y la seguridad. A esto se suma la luz intrusa, que se dirige a zonas no deseadas como ventanas, espacios naturales o el cielo nocturno, afectando los ritmos circadianos y los ecosistemas.
Otro factor clave es la temperatura de color. Las fuentes de luz fría, ricas en componente azul, resultan especialmente disruptivas para la fauna y el descanso humano. Por ello, las recomendaciones actuales promueven el uso de luminarias cálidas, incluso en tonos ámbar, en entornos residenciales o sensibles, con espectros controlados para reducir el impacto ambiental.
Finalmente, la iluminación sin control, luces encendidas innecesariamente o sin regulación horaria e intensidad, agrava tanto el consumo energético como la contaminación lumínica.
Estas prácticas representan un derroche de recursos que contradice los objetivos globales de sostenibilidad y reducción de emisiones. Para ilustrar esta realidad, la International Dark-Sky Association estima que al menos un 30 % de la luz exterior de Estados Unidos se desperdicia debido a una iluminación mal diseñada o sin apantallamiento adecuado.
Iluminar con propósito: de la cantidad a la precisión
Frente a este panorama, es fundamental evolucionar de la cantidad a la precisión, adoptando una iluminación inteligente que respete tanto al entorno como a las personas. Aunque tradicionalmente se ha vinculado una mayor iluminación con mayor seguridad, diversos estudios señalan que el exceso de luz puede producir deslumbramientos, acentuar los contrastes y dificultar la percepción del entorno, poniendo en duda esta relación.
Iluminar con inteligencia implica emplear tecnologías como sensores de movimiento, luminarias LED de bajo consumo y sistemas de control remoto que ajustan la intensidad e incluso la temperatura de color según la hora o el flujo peatonal y vehicular. En definitiva, se trata de colocar solo la luz necesaria, en el lugar preciso y en el momento oportuno, priorizando el bienestar colectivo y la protección del cielo nocturno.

VEKA Pico: una respuesta a las necesidades actuales
Bajo esta premisa nace Veka Pico, la nueva luminaria de Carandini que ofrece exactamente la luz necesaria, combinando eficiencia, versatilidad y un diseño compacto. Incorpora además todas las ventajas que caracterizan a la familia Veka.
Con solo 2,9 kg de peso, 40 W de potencia y una eficiencia destacada de 156 lm/W, Veka Pico está especialmente diseñada para aplicaciones viales y ambientales. Ofrece un amplio rango de temperatura de color, desde ámbar hasta 4000 K, adaptándose a distintos entornos y necesidades.
Su sistema óptico dirige la luz de forma precisa, evitando el deslumbramiento y la dispersión. Para proyectos con requisitos arquitectónicos específicos, puede incorporar paralúmenes internos y externos opcionales que bloquean eficazmente la luz no deseada, garantizando soluciones totalmente adaptadas.
El diseño contempla cuatro opciones de montaje —horizontal, vertical, a pared o techo con horquilla— y una inclinación regulable de ±15º, facilitando su integración en entornos urbanos diversos y asegurando un control óptimo de la orientación lumínica.
Además, es compatible con el sistema Dynamic White de Carandini, que permite ajustar la temperatura de color en función de la hora del día o las condiciones del entorno, mejorando la experiencia visual y reduciendo el impacto ambiental.

Diseñada para un futuro sostenible
Más allá de cumplir con criterios técnicos, Veka Pico encarna los principios de una iluminación responsable. Su diseño eficiente reduce el consumo energético sin comprometer la seguridad ni la calidad de la luz.
Con protección IP66 e IK10, garantiza resistencia al polvo, al agua y a los impactos, lo que prolonga su vida útil y disminuye la necesidad de mantenimiento y reemplazos. Esto se traduce en menos residuos y menores costes operativos. Además, incorpora una nueva tapa con varilla de sujeción que facilita la instalación y el mantenimiento.

Iluminar bien no es iluminar más
La ciudad del futuro no será la que más brille, sino la que mejor sepa usar la luz. Veka Pico apuesta por una iluminación eficiente, duradera y respetuosa con su entorno.
Más que incorporar tecnología, propone una nueva forma de pensar la luz: inteligente, precisa y con propósito. Una visión que pone en el centro tanto a las personas como al medio ambiente.
Imágenes: Carandini

