La renovación del alumbrado del Parc del Molinet, en Santa Coloma de Gramenet, plantea una cuestión central en el desarrollo del alumbrado exterior: cómo evolucionar desde instalaciones estáticas hacia sistemas capaces de ajustarse al uso real del espacio. La actuación, impulsada por el Área Metropolitana de Barcelona (AMB) tras un piloto previo junto al clúster CICAT, introduce un modelo en el que la iluminación se adapta a la presencia, la actividad y las condiciones nocturnas.
El alcance del proyecto va más allá de la sustitución por tecnología LED. Se propone un funcionamiento basado en la regulación continua de la iluminación, tanto en nivel como en temperatura de color, en función de lo que ocurre en cada momento. Así, la instalación deja de operar con parámetros fijos y pasa a responder de forma variable, ajustando la luz a las necesidades reales de cada zona.

La experiencia previa ha sido clave para validar este enfoque en condiciones reales y para trasladar al espacio urbano criterios vinculados al Human Centric Lighting, habitualmente aplicados en interiores. Su implementación en exterior añade exigencias específicas —como la convivencia con la biodiversidad, la diversidad de usos o la necesidad de garantizar seguridad y orientación— que condicionan tanto el diseño como la gestión del sistema.
El resultado es una instalación que integra eficiencia energética, calidad visual y control del impacto ambiental en una misma estrategia, y que actúa como referencia práctica de cómo la iluminación adaptativa puede incorporarse al alumbrado público, así como de las implicaciones que este enfoque tiene en su diseño y gestión. A continuación, detallamos las claves técnicas del proyecto.
Del piloto a la implantación
El desarrollo del proyecto se apoya en una premisa operativa clara: un parque urbano no puede abordarse como un entorno lumínico uniforme. A partir de este criterio, el recinto se segmentó en cinco áreas funcionales —zonas de paso y paseo, parque canino, accesos, pérgola y espacios de juego y deporte—, definiendo para cada una de ellas escenas de iluminación específicas en función de su uso y del contexto ambiental.

Esta zonificación permitió articular un doble enfoque. Por un lado, se implementó iluminación adaptativa en las áreas interiores del parque, ajustando el alumbrado a la actividad y a la franja horaria. Por otro, se mantuvo un funcionamiento estable en los accesos, con el objetivo de reforzar la legibilidad de las entradas y mejorar la percepción de seguridad desde el exterior.
La solución técnica se materializa mediante una combinación de luminarias de Carandini seleccionadas según las exigencias de cada ámbito. En los accesos se instalaron columnas con proyectores Mikos; bajo la pérgola se emplearon luminarias HFL; y en el resto del parque se optó por la luminaria ambiental Spin. Todas ellas integran tecnología Dynamic White, que permite regular tanto la intensidad como la temperatura de color en función de las condiciones de uso.

En las zonas con comportamiento adaptativo, el sistema ajusta automáticamente los parámetros lumínicos a partir de la información proporcionada por sensores de presencia. En ausencia de actividad, el alumbrado funciona con niveles reducidos y temperaturas de color cálidas —ámbar en la pérgola y en torno a 2200 K en el resto del parque—, limitando la emisión en el espectro azul y reduciendo el impacto sobre el entorno. Cuando se detecta presencia, el sistema incrementa progresivamente la iluminancia y eleva la temperatura de color hasta 3000 K, mejorando las condiciones de visibilidad sin recurrir a una iluminación permanente sobredimensionada.

Del cálculo lumínico al control adaptativo
La configuración del sistema parte de un trabajo previo de cálculo lumínico realizado por el equipo especializado de Carandini y orientado a garantizar condiciones adecuadas de visibilidad, uniformidad y confort visual en cada zona del parque. A partir de estos estudios, la zonificación se tradujo en requisitos técnicos concretos, definiendo niveles de iluminación por área y estableciendo transiciones progresivas entre escenas para evitar contrastes bruscos, sobreiluminación y fenómenos de deslumbramiento.

Sobre esta base, el sistema de control se parametrizó para que la regulación del flujo luminoso y el ajuste de la temperatura de color respondieran a la lógica de uso prevista. La iluminación deja así de ser estática y pasa a comportarse de forma dinámica, adaptándose a la presencia de usuarios y a las condiciones del entorno nocturno mediante escenas previamente definidas.
La variación de la temperatura de color se implementa a través de tecnología Dynamic White, basada en una arquitectura de doble canal LED —uno cálido y otro frío— que permite generar una gama continua de CCT mediante la combinación de ambos. Este ajuste espectral se realiza sin alterar la distribución fotométrica, ya que el diseño óptico asegura una emisión homogénea independientemente de la mezcla utilizada, manteniendo la coherencia lumínica en el espacio.

El resultado es un sistema en el que el diseño lumínico no se limita a una fase de proyecto, sino que se integra en la operación diaria de la instalación. Este enfoque lo convierte en un modelo replicable para otros municipios que buscan avanzar hacia espacios públicos más eficientes, confortables y respetuosos con el entorno.
Imágenes: Carandini

