La relación entre las polillas y la luz artificial forma parte del imaginario colectivo desde hace décadas. Farolas, luminarias ornamentales o simples bombillas domésticas atraen a estos insectos nocturnos de manera casi hipnótica, hasta el punto de convertirse en uno de los ejemplos más conocidos de los efectos de la iluminación artificial sobre la fauna. Sin embargo, más allá de esta atracción evidente, la ciencia empieza a desvelar consecuencias menos visibles, pero potencialmente más graves, de la contaminación lumínica moderna.
Una investigación reciente liderada por la University of Exeter aporta nuevas pruebas de que la iluminación artificial nocturna no solo atrae a las polillas, sino que reduce de forma severa su actividad, incluso a niveles de iluminación muy bajos y con espectros considerados tradicionalmente “más respetuosos” con los insectos.
La investigación, publicada en la revista científica Proceedings of the Royal Society B, analiza un comportamiento que observamos de forma cotidiana pero que rara vez ha sido cuantificado y que podría tener consecuencias ecológicas profundas y acumulativas: el hecho de que las polillas, más allá de congregarse en torno a una luminaria, permanezcan inmóviles durante largos periodos de tiempo, como si quedaran “bloqueadas” bajo la luz artificial.

Un experimento a gran escala
Para analizar este fenómeno con rigor, el equipo de la Universidad de Exeter diseñó un experimento de campo de gran envergadura. A lo largo del estudio se capturaron más de 800 polillas pertenecientes a 23 especies distintas en el campus de Penryn, en Cornualles. Las capturas se realizaron mediante trampas de luz y redes entomológicas, y cada individuo fue posteriormente expuesto al aire libre a diferentes condiciones de iluminación nocturna.
Las polillas se colocaron en recipientes individuales y se las sometió, durante toda la noche, a escenarios controlados: oscuridad natural, iluminación LED blanca y iluminación LED ámbar, con distintos niveles de intensidad. Todo el proceso fue registrado mediante grabaciones de vídeo que permitieron cuantificar con precisión el tiempo de movimiento frente al tiempo de inactividad.

Resultados obtenidos
El resultado más llamativo fue que, bajo una iluminación de 10 lux —un nivel comparable al que se encuentra cerca de una farola residencial— las polillas redujeron su actividad media en un 85 % respecto a las condiciones de noche natural. Desde una perspectiva técnica, 10 lux no representa un escenario extremo, sino un valor cotidiano en calles secundarias, zonas peatonales o entornos periurbanos. Sin embargo, su efecto sobre el comportamiento de los insectos fue profundo y generalizado.
Esta reducción de actividad tiene implicaciones directas sobre procesos biológicos clave. Las polillas adultas disponen de un tiempo limitado para alimentarse, encontrar pareja y reproducirse. Permanecer inmóviles durante gran parte de la noche supone perder oportunidades irreemplazables, especialmente en especies cuya vida adulta es breve y cuyas ventanas de actividad son muy reducidas.
El estudio también muestra cómo a igual nivel de iluminancia, la iluminación LED ámbar —frecuentemente presentada como una alternativa más respetuosa con los insectos— redujo la actividad de las polillas en la misma medida que la luz blanca convencional. Este resultado parece sugerir que el impacto no depende únicamente del espectro, sino también de la presencia misma de luz artificial durante la noche y de su intensidad.
Aún más inquietante es que algunas especies mostraron efectos medibles incluso a niveles de 0,1 lux cuando se utilizaba luz blanca. Este valor es equivalente al denominado skyglow, el resplandor difuso que ilumina el cielo nocturno a decenas de kilómetros de las ciudades. En la práctica, esto implica que los efectos de la iluminación artificial pueden extenderse mucho más allá de los entornos urbanos directamente iluminados, afectando también a áreas rurales y aparentemente oscuras.

El estudio también examinó cómo varía la actividad de las polillas a lo largo de la noche, poniendo de relieve una diversidad de patrones mucho mayor de lo que habitualmente se asume. Según explica el investigador Jolyon Troscianko, no todas las especies son activas de forma continua durante las horas nocturnas: algunas concentran su actividad al inicio de la noche, otras en las últimas horas antes del amanecer, y la mayoría solo dispone de breves ventanas temporales para moverse.
Esta fragmentación del tiempo de actividad tiene implicaciones directas sobre el impacto de la iluminación artificial. Disponer de intervalos tan cortos aumenta la probabilidad de que la luz nocturna interfiera en la capacidad de las polillas para alimentarse o encontrar pareja antes de que concluya su breve etapa adulta. Aunque permanecer inmóviles bajo una luz artificial no provoca la muerte inmediata del insecto, estos efectos subletales pueden acumularse con facilidad y acabar impidiendo una reproducción exitosa.

Puede acceder al paper completo de la investigación a través del siguiente enlace:
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Fuente de imágenes: Freepik-Unsplash*. *Imágenes de apoyo procedentes de bancos de recurso gráficos que no pertenecen a la investigación. |

