Actuar sobre los niveles de iluminación no es necesariamente la única vía para conseguir que un recorrido peatonal resulte más seguro durante la noche. La forma en que la luz se distribuye a lo largo del espacio y, especialmente, la ausencia de interrupciones bruscas entre zonas iluminadas y oscuras pueden desempeñar un papel igualmente relevante en la percepción de seguridad de los peatones.
Esta es una de las principales conclusiones de una investigación publicada en City and Environment Interactions, en la que un equipo formado por investigadores de universidades de Estados Unidos, Emiratos Árabes Unidos y Canadá ha estudiado cómo diferentes patrones de iluminación modifican la sensación de seguridad, la incertidumbre, el malestar y la intención de evitar un recorrido urbano durante la noche.
Mediante un experimento inmersivo de realidad virtual con 42 participantes, los investigadores compararon tres escenarios: una iluminación relativamente elevada y uniforme, otra de menor nivel pero también uniforme y una tercera caracterizada por una sucesión de zonas claras y prácticamente oscuras. El resultado más significativo aparece precisamente al comparar estas dos últimas situaciones: una iluminación continua, aunque tenue, generó considerablemente menos temor que una iluminación fragmentada por sucesivas transiciones entre luz y oscuridad.

Iluminación urbana y percepción de seguridad
La relación entre iluminación urbana y percepción de seguridad lleva décadas siendo objeto de investigación. Numerosos estudios han señalado que una mejor visibilidad nocturna puede aumentar la capacidad de reconocer personas, obstáculos y características del entorno, reduciendo así determinadas situaciones de incertidumbre.
Sin embargo, los autores de este trabajo señalan que una parte importante de la literatura se ha centrado en la cantidad de iluminación, mientras que se conoce menos sobre el efecto específico de su distribución espacial durante un recorrido.
Esta cuestión es particularmente importante porque un peatón no observa la ciudad desde una posición fija. Mientras camina, necesita interpretar continuamente aquello que aparece delante de él: posibles obstáculos, personas, cruces, accesos o lugares donde podría quedar parcialmente oculta información visual.
La investigación parte así de la hipótesis de que las zonas oscuras intercaladas entre espacios iluminados pueden incrementar la sensación de vulnerabilidad porque dificultan anticipar lo que existe unos metros más adelante.
Para comprobarlo, los investigadores plantearon una comparación entre tres situaciones. La primera ofrecía niveles relativamente altos y uniformes de iluminación. La segunda reducía significativamente esos niveles manteniendo una distribución homogénea. La tercera introducía una sucesión de áreas claras y oscuras.
El objetivo era determinar si el deterioro de la percepción de seguridad dependía fundamentalmente de disponer de menos luz o si, por el contrario, la pérdida de continuidad introducía un efecto adicional.

Un recorrido nocturno virtual para aislar el efecto de la luz
Para estudiar esta cuestión se diseñó un experimento inmersivo mediante realidad virtual en el que participaron 42 adultos de entre 18 y 46 años.
Todos los participantes experimentaron las tres condiciones de iluminación, lo que permitió comparar las respuestas de una misma persona ante diferentes configuraciones manteniendo constantes el resto de elementos del espacio.

La simulación reproducía un recorrido peatonal próximo a una infraestructura de transporte y estaba inspirada en un entorno urbano real de Miami. La geometría del espacio, los edificios, materiales, vegetación y mobiliario permanecían sin cambios durante las pruebas; únicamente se modificaba la iluminación.
En la primera configuración, denominada Uniform/Full, el recorrido mantenía aproximadamente entre 20 y 30 lux equivalentes, con una uniformidad Emin/Eavg igual o superior a 0,60.
La segunda condición, Low/Dim, reducía esos valores hasta aproximadamente 5-7 lux equivalentes, pero conservaba una distribución igualmente uniforme.
Finalmente, el escenario Alternating/Patchy combinaba áreas de aproximadamente 20-30 lux equivalentes con franjas prácticamente oscuras, de 2 lux equivalentes o inferiores, generando una uniformidad mucho menor.

Los investigadores advierten de que estos valores corresponden a la calibración perceptiva del entorno virtual y no deben interpretarse directamente como mediciones fotométricas de una instalación real.
Tras recorrer cada escenario, los participantes valoraron aspectos relacionados con inseguridad, miedo, nerviosismo, incertidumbre, incomodidad y disposición a evitar el lugar durante la noche. Además, sus respuestas fueron complementadas con comentarios sobre qué elementos del entorno condicionaban esas sensaciones.
Resultados obtenidos
Los resultados mostraron una progresión clara entre las tres configuraciones. La percepción de inseguridad alcanzó una puntuación media de 2,10 sobre 6 con la iluminación uniforme de mayor nivel. Al reducir la iluminación, pero mantenerla homogénea, aumentó hasta 3,14. Sin embargo, cuando el recorrido comenzó a alternar zonas iluminadas y oscuras, la valoración ascendió hasta 5,38.
Un comportamiento similar apareció en la intención de evitar el recorrido durante la noche. La puntuación fue de 2,93 con la iluminación uniforme completa, aumentó hasta 4,07 con el nivel tenue uniforme y alcanzó 5,64 en el escenario fragmentado.
El índice empleado por los investigadores para combinar las diferentes respuestas emocionales resume bien esta diferencia: pasó de 2,19 en el primer escenario a 3,10 en el segundo y a 5,18 cuando aparecieron las discontinuidades de iluminación. Reducir considerablemente la cantidad de luz manteniendo la uniformidad aumentó el índice en unos 0,91 puntos. Introducir posteriormente zonas oscuras elevó la valoración otros 2,08 puntos.
Por tanto, el efecto observado no parece depender únicamente de disponer de menos iluminación.

Los testimonios de los participantes ayudan a explicar el resultado. Las zonas oscuras generaban incertidumbre sobre aquello que podía encontrarse más adelante y dificultaban anticipar la configuración del recorrido. En cambio, incluso cuando la iluminación era tenue, mantener una cierta continuidad permitía conservar una lectura más estable del espacio.
A partir de estos resultados, los autores introducen el concepto de continuidad perceptiva. La uniformidad dejaría así de ser únicamente una característica fotométrica para adquirir también una dimensión relacionada con la experiencia del usuario: la posibilidad de mantener suficiente información visual mientras avanza por el entorno.
Esto tiene implicaciones directas para el diseño del alumbrado. Dos recorridos con niveles medios de iluminación similares podrían generar experiencias considerablemente diferentes si uno mantiene una distribución continua y el otro presenta fuertes contrastes y zonas oscuras entre puntos de luz.

Limitaciones y futuras investigaciones
El trabajo presenta, sin embargo, limitaciones importantes que los propios investigadores reconocen.
La muestra de 42 participantes resulta suficiente para el diseño experimental planteado, pero no estaba estratificada demograficamente y no permite determinar cómo varía el efecto según sexo, edad u otros factores. Además, la simulación eliminó deliberadamente muchos elementos presentes en un espacio urbano real, como peatones en movimiento, tráfico, actividad de los edificios, estado de mantenimiento o reputación previa del lugar.
La realidad virtual ofrece precisamente la ventaja de poder modificar la iluminación manteniendo todo lo demás constante, algo extremadamente difícil de conseguir en un ensayo de campo. Esa fortaleza experimental es al mismo tiempo su principal límite: la magnitud de los efectos observados no debe trasladarse literalmente a una calle real. Los propios autores advierten, por ejemplo, de que las grandes razones de probabilidades obtenidas estadísticamente expresan cambios dentro del entorno experimental y no multiplicadores directos del comportamiento humano en una ciudad.
Será necesario comprobar ahora si el mismo patrón aparece mediante ensayos de campo, diferentes tipologías urbanas, distintas tecnologías de iluminación y grupos de población más diversos.
Aun con estas cautelas, la investigación aporta una idea relevante para el debate sobre el alumbrado nocturno: la calidad perceptiva de un recorrido depende también de la continuidad con la que la iluminación permite leer el espacio.

Puede acceder al paper completo de la investigación a través del siguiente enlace:
https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S2590252026001261
Portada: Imagen de recurso generada por IA que no pertenece a la investigación

