En el diseño de entornos hospitalarios, especialmente en unidades psiquiátricas, la arquitectura, la organización del espacio y la seguridad suelen ocupar el centro de la atención. Sin embargo, un elemento ambiental crucial ha sido tradicionalmente ignorado o tratado como accesorio: la luz.
En la última década, la comunidad científica ha comenzado a reconocer que la exposición a la luz, especialmente en la franja azul del espectro visible, tiene un impacto significativo sobre el sistema circadiano humano, y por ende, sobre la salud mental. Ahora, un estudio clínico de gran escala llevado a cabo en Trondheim, Noruega, ofrece nueva evidencia de que modificar la iluminación vespertina en unidades de psiquiatría aguda puede traducirse en mejoras clínicas significativas sin necesidad de intervenciones complejas ni inversión intensiva en recursos humanos.
Iluminación libre de azul en entornos hospitalarios
La investigación, realizada en colaboración entre el Hospital St. Olavs, la Universidad Noruega de Ciencia y Tecnología (NTNU) y la empresa de tecnología de iluminación Glamox, se realizó en condiciones reales de hospitalización: 476 pacientes ingresados fueron asignados aleatoriamente a dos unidades idénticas en estructura, personal y atención, diferenciándose únicamente por su sistema de iluminación durante el periodo nocturno.
La intervención se basó en una premisa sólida de la cronobiología: los ritmos circadianos humanos están profundamente influenciados por la luz, en particular por el componente azul del espectro visible. A través de la activación de las células ganglionares intrínsecamente fotosensibles de la retina (ipRGC), el organismo sincroniza procesos vitales como el sueño, el estado de alerta o la regulación emocional.
En la práctica, esto significa que la exposición a luz rica en azul durante la tarde y la noche —ya sea de luces LED convencionales, pantallas o fluorescentes— puede desregular estos ritmos, afectando el sueño, agravando síntomas psiquiátricos y reduciendo la eficacia de los tratamientos. A la inversa, la supresión selectiva de ese componente azul podría actuar como una “oscuridad virtual” sin necesidad de apagar las luces.

Tecnología LED y diseño ambiental
El escenario del estudio fue una moderna unidad psiquiátrica de Trondheim, Noruega, especialmente diseñada para este ensayo. Dos alas gemelas del hospital, idénticas en disposición, personal, equipamiento y atención clínica, fueron equipadas con sistemas de iluminación LED regulables. La única diferencia: en una de ellas, la iluminación vespertina fue diseñada para eliminar progresivamente la luz azul a partir de las 18:00 h, transformando el ambiente en una cálida penumbra ámbar hasta las 7:00 h del día siguiente.
Para ello, los investigadores instalaron luminarias de Glamox AS con programación espectral personalizada, filtros en ventanas, televisores y dispositivos electrónicos, e incluso proporcionaron gafas bloqueadoras de luz azul a los pacientes que salieran del área controlada. Todo sin alterar la intensidad general del alumbrado nocturno, que permanecía en torno al 20% del máximo, igual que en el ala de control.
En concreto, de 7:00 h a 18:00 h, el espectro de luz y la intensidad fueron similares en las condiciones experimentales y de control. De 18:00 h a 07:00 h, la intensidad de la luz fue similar en ambos escenarios, pero los individuos estuvieron expuestos a un espectro diferente de luz nocturna. Se evaluó que el EDI melanópico estaba entre 7 y 21 en diferentes habitaciones de la sala ‘sin luz azul’, mientras que se evaluó que estaba entre 27 y 63 en los mismos lugares en el entorno de luz estándar.
No se pidió a los pacientes que hicieran nada. No se interrumpió su rutina ni se les pidió que tomaran pastillas. Simplemente, se sumergieron cada noche en una atmósfera lumínica distinta durante los 8 meses que duró la intervención.

Resultados obtenidos
Aunque la duración media del ingreso no varió significativamente entre grupos (7,1 días frente a 6,7), los datos clínicos revelaron una diferencia importante: los pacientes expuestos a luz azul reducida mostraron mejoras más marcadas en su estado general y fueron percibidos como menos agresivos por el personal clínico.
Concretamente, la mejora clínica global, medida mediante la escala CGI-I, fue superior en el grupo con iluminación adaptada (diferencia media de 0,28 puntos; p = 0,035), con un número necesario a tratar (NNT) de 12 para lograr una mejora clínicamente significativa. La gravedad al alta, medida con la escala CGI-S, también fue menor (−0,18 puntos; p = 0,029; NNT: 7). Pero el hallazgo más contundente se observó en la reducción de comportamientos agresivos: una media de casi tres eventos graves menos por cada 100 días de ingreso (−2,98; p = 0,003), con un NNT de 9.
Estas cifras, en términos clínicos, colocan a esta intervención ambiental al mismo nivel de efectividad que tratamientos psicológicos o farmacológicos de baja intensidad que ya están respaldados por guías como las del NICE británico.
Tecnología sin efectos secundarios, y sin exigir cambios de conducta
Uno de los logros más notables de este estudio es que se trata de una intervención sin efectos adversos conocidos. A diferencia de los tratamientos farmacológicos, que suelen implicar riesgo de efectos secundarios, o de terapias conductuales, que exigen cooperación activa del paciente, esta modificación del entorno actúa sin requerir esfuerzo consciente. No se observaron diferencias en satisfacción, efectos secundarios percibidos ni necesidad de personal adicional. En otras palabras, mejora sin coste humano añadido.
Además, su implementación fue meticulosamente pensada para maximizar la adherencia pasiva. La iluminación modificada se instaló no solo en habitaciones, sino también en zonas comunes, baños, pasillos y áreas exteriores, con especial atención al filtrado de fuentes de luz secundaria. Se ofrecieron gafas con filtro azul al salir de la unidad, y todos los televisores y dispositivos tenían filtros preinstalados.

¿Por qué no redujo el tiempo de hospitalización?
La pregunta obvia es: si mejora el estado clínico, ¿por qué no acorta el ingreso? Los autores señalan que la duración de la hospitalización está influida por muchos factores ajenos al estado clínico, como la disponibilidad de camas en otras unidades, la burocracia administrativa o la logística de traslado. Además, el tiempo medio de ingreso fue relativamente corto (mediana de 4 días), lo que puede haber limitado el margen de maniobra para observar diferencias significativas.
Esta falta de impacto en la duración del ingreso no debe interpretarse como un fracaso. Por el contrario, refuerza el valor de las mejoras observadas en otras dimensiones clínicas, especialmente al tratarse de una población con alta carga sintomática, diagnósticos múltiples y en muchos casos sin capacidad de participación activa en su tratamiento.
Lo que sigue: dosis, personalización y nuevas poblaciones
Como toda intervención prometedora, esta abre muchas preguntas. ¿Cuál es la “dosis” óptima de luz azul reducida? ¿Cuántos días de exposición son necesarios para lograr efectos sostenibles? ¿Podrían combinarse estas intervenciones con otras cronoterapias, como la exposición a luz brillante por la mañana? ¿Qué pacientes se benefician más: los que sufren trastornos del sueño, los que presentan agitación, o los que padecen trastornos afectivos?
Otro reto importante será adaptar esta intervención a otras latitudes y condiciones ambientales. El estudio se realizó cerca del Círculo Polar Ártico, donde la variación estacional de la luz natural es extrema. Aunque los investigadores limitaron el reclutamiento a los meses de otoño e invierno para evitar sesgos por exposición solar, la extrapolación de resultados a climas mediterráneos o tropicales exigirá adaptaciones cuidadosas.
Por último, será necesario profundizar en los mecanismos fisiológicos y neurológicos implicados. Estudios previos del mismo grupo ya habían demostrado que esta intervención modifica patrones de sueño, ritmos circadianos y niveles de activación en adultos sanos. El siguiente paso será vincular esos cambios fisiológicos con síntomas clínicos específicos en diversas patologías mentales.
Puede acceder al paper completo de la investigación a través del siguiente enlace:
https://journals.plos.org/plosmedicine/article?id=10.1371/journal.pmed.1004380
Fuente de imágenes: ‘Clinical benefits of modifying the evening light environment in an acute psychiatric unit: A single-centre, two-arm, parallel-group, pragmatic effectiveness randomised controlled trial’. Plos Medicine. Diciembre 2024

