Los tejados, jardines residenciales, zonas verdes y solares sin uso de las ciudades europeas esconden una capacidad productiva considerable. Un nuevo estudio estima que el aprovechamiento agrícola de una parte de estos espacios permitiría obtener entre 11,8 y 19,8 millones de toneladas de hortalizas al año, una cantidad equivalente a aproximadamente un tercio de la producción actual registrada en los países analizados.
La investigación, publicada en la revista científica Sustainable Cities and Society de ScienceDirect, evalúa de forma sistemática el potencial de la agricultura urbana en 840 ciudades de 30 países europeos. El análisis concluye que este tipo de producción podría satisfacer alrededor del 28 % de la demanda de verduras de una población conjunta de 190 millones de personas, aunque con diferencias muy importantes entre ciudades y regiones.

Cultivos sencillos, sin granjas verticales
La investigación se centra en sistemas relativamente sencillos de agricultura urbana al aire libre, tanto sobre suelo como en cubiertas. Incluye huertos, jardines productivos y bancales instalados en azoteas, pero deja fuera soluciones más intensivas tecnológicamente, como la hidroponía, los invernaderos climatizados o las granjas verticales con iluminación artificial.
A partir de la superficie disponible y de las condiciones climáticas de cada ciudad, los investigadores estimaron que la producción anual podría situarse entre 11,8 y 19,8 millones de toneladas de hortalizas.
“Evaluamos cómo espacios infrautilizados, como tejados, jardines residenciales, zonas verdes y terrenos urbanos vacantes, podrían transformarse en áreas productivas”, explica Stepan Svintsov, investigador del Instituto Leibniz de Desarrollo Urbano y Regional Ecológico y autor principal del estudio.
Los resultados muestran que la agricultura urbana podría cubrir, de media, el 28 % de la demanda de verduras de la población analizada. Sin embargo, su contribución variaría considerablemente entre ciudades debido a factores como la densidad urbana, la disponibilidad de suelo, el clima o la configuración de los edificios.
Las ciudades menos densas y con mayor presencia de jardines o terrenos libres disponen generalmente de más superficie cultivable por habitante. En los tejidos urbanos compactos, las cubiertas pueden desempeñar un papel más relevante, aunque su aprovechamiento dependería de cuestiones como la capacidad estructural de los edificios, el acceso, la radiación solar o la disponibilidad de agua.

Diferencias entre el norte y el sur de Europa
El clima es otro de los principales condicionantes. Las ciudades del norte de Europa suelen contar con temporadas de cultivo más cortas y una menor radiación solar, mientras que las del sur pueden verse limitadas por la escasez de agua y por episodios de calor cada vez más frecuentes.
Por tanto, la aplicación de la agricultura urbana requeriría estrategias adaptadas a cada territorio. En las regiones mediterráneas sería especialmente importante recurrir a sistemas de riego eficientes, especies con menores necesidades hídricas y soluciones para recoger o reutilizar agua.

También deberían considerarse otros aspectos técnicos, como la calidad del suelo, la posible presencia de contaminantes en antiguos terrenos industriales o las cargas adicionales que los sustratos y sistemas de riego pueden introducir en los edificios.
Pese a estas limitaciones, los autores sostienen que la agricultura urbana puede contribuir a reforzar la capacidad de respuesta de las ciudades ante interrupciones en las cadenas de suministro, fenómenos climáticos extremos o incrementos de la población.
“A medida que las ciudades se enfrentan a una presión creciente por el cambio climático, las alteraciones del suministro alimentario y el crecimiento demográfico, la agricultura urbana puede desempeñar un papel relevante en la construcción de sistemas alimentarios más resilientes y sostenibles”, señala Prajal Pradhan, profesor asociado de la Universidad de Groningen y autor de correspondencia del estudio.
El investigador advierte, no obstante, de que este tipo de producción debe entenderse como un complemento de los sistemas alimentarios existentes, y no como un sustituto completo de la agricultura convencional.

Integrar la producción de alimentos en la ciudad
El estudio relaciona también la agricultura urbana con modelos de planificación como la ciudad de los 15 minutos, basada en facilitar el acceso a los principales servicios cotidianos mediante desplazamientos cortos a pie o en bicicleta.
La incorporación de huertos y espacios productivos podría acercar los alimentos frescos a los consumidores, reducir parte de las necesidades de transporte y favorecer hábitos alimentarios más saludables. Además, estos espacios pueden funcionar como lugares de encuentro, educación ambiental y participación ciudadana.
“Mediante la integración de la agricultura en la planificación urbana, las ciudades podrían mejorar el acceso local a los alimentos, reducir su transporte, fortalecer la participación comunitaria y promover dietas más saludables”, explica Diego Rybski, coautor del estudio e investigador del Instituto Leibniz.
Sin embargo, trasladar el potencial calculado a proyectos reales exigiría incorporar la producción alimentaria a los instrumentos de planificación urbana. Las administraciones tendrían que definir qué espacios pueden destinarse al cultivo, cómo se gestionan y qué requisitos deben cumplir en materia de agua, seguridad estructural, calidad del suelo e higiene alimentaria.
La agricultura urbana también tendría que convivir con otros usos de las cubiertas y del suelo, como las instalaciones fotovoltaicas, la climatización, las zonas verdes, la vivienda o las infraestructuras de drenaje. En algunos casos, estas funciones podrían combinarse mediante soluciones integradas, pero sería necesario estudiar cada emplazamiento de forma individual.
La investigación ofrece así una estimación del potencial disponible a escala europea, pero no implica que toda la superficie identificada pueda transformarse inmediatamente en espacio agrícola. Los resultados representan una capacidad teórica condicionada por factores técnicos, económicos, normativos y sociales.
Aun así, el análisis muestra que los espacios urbanos podrían asumir un papel más destacado en la producción de alimentos. Con una planificación adecuada, las cubiertas, jardines y terrenos sin uso podrían convertirse en una infraestructura complementaria capaz de reforzar el suministro local de hortalizas y la resiliencia de las ciudades europeas.

Puede acceder al paper completo de la investigación a través del siguiente enlace:
https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S2210670726003094?via%3Dihub
Portada: imagen de recurso generada por IA que no pertenece a la investigación

